domingo, 23 de julio de 2017

Enseñanza Neotestamentaria acerca de las joyas...


Introducción:

  Las Escrituras tratan la cuestión de las joyas y del vestido tan en conjunto que es difícil examinar estos temas por separado. Y el hombre, o conserva  los dos o los rechaza, aunque el uno pueda preceder al otro. Los que firmemente siguen las Escrituras en cuanto al atavío, generalmente no usan tampoco las  joyas.

Es importante saber cuál es nuestra posición en este asunto, de modo que podamos instruir a aquellos que nos pregunten (1 de Pedro 3:15). Las joyas generalmente son aceptadas en las iglesias poco a poco y solo en aquellas que se están conformando más al mundo en otras áreas. Por tanto, debemos estar alerta para que no nos dejemos arrastrar, sin saberlo, por la corriente que nos rodea. Por si nos dejáramos arrastrar estaríamos responsables de permitir que algunas doctrinas bíblicas se abandonaran u olvidaran (Hebreos 2:1).

Joyas y Anillo de Boda

¿Qué se entiende por “joyas”?


Al hablar de “joya” nos referimos a un objeto material que se lleva en el cuerpo con propósitos de adorno. La enciclopedia mundial en ingles da la siguiente definición de “joyas”:

“Joyas son los ornamentos que las personas llevan como adorno personal o como símbolos de riqueza o estado social. Incluyen anillos, brazaletes, collares, aretes, broches, y varios ornamentos para el cabello. Algunas personas creen que ciertas clases de joyas tienen poderes mágicos. Casi cualquier clase de material puede usarse para hacer joyas. Los pueblos salvajes usan pedazos de hueso, madera, o hierro para ser llevados en las orejas, los labios, o la nariz. También hacen brazaletes y collares por ensartar dientes, guijarros, semillas, o conchas. Los hombres comenzaron a usar oro y plata como joyas poco después de descubrir estos materiales.” ¹

¹. Tomado de The World Book Encyclopedia (Enciclopedia Mundial). Propiedad registrada, 1969. Field Enterprises Educational Corporation.


No importa si los artículos se hacen de hueso, piedra, metal u otro material; si se usan principalmente con propósitos de adornar, ya vienen siendo joyas

La cuestión de las joyas será examinada desde 3 ángulos:

 I. Lo que enseña el Nuevo Testamento; II. La posición histórica de la iglesia; III. El anillo de boda (con unas cuantas aplicaciones prácticas).

I.           Lo que enseña el Nuevo Testamento

Nótese la siguiente escritura que se refiere a este tema. “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 de Pedro 3:3 y 4). Esta escritura está bastante clara para los que deseen aceptar lo que dice. El verdadero ornamento no está en el adorno exterior, sino en el interior, en la belleza de carácter. Esta belleza de carácter es el resultado de una nueva vida interior que resplandece en todo el ser, la personalidad, y aun en el rostro. Es una belleza que llama la atención, no a la persona, sino a la vida cristiana que está en el interior.

Obsérvese primeramente, que el arreglo del cabello con fines de exhibirlo está prohibido. Esto se refiere, también, a la cuestión de las joyas. En aquella época, cuando Pedro escribió, las mujeres entretejían oro y otros adornos dentro del cabello. Esto fue claramente prohibido por el apóstol. En segundo lugar, se prohíbe el uso de las joyas, dándose el oro por ejemplo. No es que el oro sea más malo que los otros metales, sino que sirve para explicar el punto de que se trata. En la frase “o de vestidos lujosos”, él prohíbe las cosas innecesarias en nuestros cuerpos y las que son para ser vistas sin importar el material de que estén hechas. El usar cosas adicionales e innecesarias, ya sea alrededor del cuello, en los dedos, en las muñecas o colgando de las orejas; ya sean de tela o de metal, están claramente prohibido por esta escritura.
El adorno de Dios

Por otra parte, hay una clase de ornamento que Dios alaba: el de un espíritu afable y apacible. Sabemos que muchas veces lo que el hombre estima, Dios desaprueba y lo que Dios estima, el hombre no aprecia. El hombre estima el oro y anhela adornarse el cuerpo con él, pero Dios prohíbe su uso en esta forma. El hombre tiende a despreciar la humildad y piensa que es debilidad, pero ante Dios es de gran valor. El punto de vista del hombre ha sido torcido por el pecado. Dios ve el adorno externo como fruto del orgullo. Por tanto, lo condena y pide lo contrario: la humildad y un espíritu afable y apacible.

Nótese las indiscutibles palabras de 1 de Timoteo 2:9 y 10: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”. Según estos versículos la modestia, o el cuerpo cubierto, se debe efectuar en lo exterior para expresar la reserva interior y la pureza de espíritu. La piedad se ve por la belleza de carácter más bien que por el adorno externo del cuerpo, según el versículo 10. Esta escritura es muy semejante a 1 de Pedro. Aparte del oro, prohíbe las perlas y lo vestidos costosos los cuales incluyen el uso de las joyas.

Las excusas que se dan

Algunos justifican el uso de las joyas diciendo que las que llevan no son costosas. Recordemos que todas la joyas, costosas o no, son un mal uso de las cosas que Dios nos ha dado. Aun los artículos de poco valor, sí se compraran entre muchas personas, valdrían mucho dinero. El verdadero seguidor de Jesús, como administrador de las posesiones de Él, no puede comprar estas cosas innecesarias y vanidosas para adornar este cuerpo de barro.

(Aunque estas escrituras fueron escritas mayormente para las mujeres, no pasan por alto ni excluyen a los hombres. El orgullo y la vanidad son pecado para cualquier sexo. Estas escrituras van dirigidas a las mujeres porque a lo mejor porque ellas, por su naturaleza, caerían más fácilmente en esta clase de tentación; pero en la iglesia cristiana ni siquiera los hombres están exentos de estas enseñanzas.)

Otros tratan de justificar el uso de las joyas, ya que estas se permitían en el Antigua Testamento. Tal vez se permitían, pero debe recordarse que se permitían muchas cosas más, que el Nuevo Testamento prohíbe en el día de hoy. Aun en el Antiguo Testamento podemos leer tanto sobre los peligros de usar las joyas como la actitud de Dios hacia ellas. En Éxodo 32:2, con el material de las joyas, Israel fue llevado al culto del becerro de oro. En Jueces 8:24 a 27, parece ser que las joyas en parte, si no en todo, llevaron a Gedeón por mal camino y también a muchos de Israel. Dios condeno el orgullo de Israel (Isaías 3:16 a 24) y el profeta les informo que el Señor quitaría sus joyas y vanidades. Estas eran la prueba de su orgullo.

En el libro de Apocalipsis del Nuevo Testamento, vemos muchas figuras ilustrativas. En los capítulos 12 y 17 leemos de dos mujeres; una nos representa la esposa de Cristo, la iglesia. No lleva atavíos terrenales, sino esta vestida del sol. Es bendecida y protegida por Dios. La otra mujer se cree que representa la iglesia que se aleja de Dios. Esta aparece con ropa de la vanidad de la tierra, y se halla bajo la maldición y juicio de Dios. Estas figuras muestran que Dios desaprueba el orgullo y la vanidad.

Es importante también notar que cuando la Biblia trata sobre el problema de las joyas, también señala el pecado del orgullo en otras áreas del vestido ornamental. Hay otras escrituras en los dos testamentos que muestran que Dios aborrece el orgullo del hombre y espera su humildad y sumisión, pero estas bastan. Ya que las Escrituras son nuestra máxima autoridad como cristianos, debemos vivir según sus enseñanzas.

La posición histórica de la iglesia

Las joyas en la iglesia
En el principio, Pedro y Pablo eran parte de la iglesia. Escribieron sobre el uso de las joyas, pero bajo inspiración. El apóstol Pablo puso bien en claro que solo aquellos que siguen las enseñanzas de las Escrituras podrían ser reconocidos como espirituales (1 de Corintios 14:37). No sabemos cuándo la iglesia hubo caído hasta permitir a sus miembros usar joyas. Generalmente se cree que esto ocurrió durante las Edades Bárbaras y que el anillo de boda se permitió durante el siglo XI.

  Durante la reforma, en el siglo XVI, muchos de los reformadores rompieron con la Iglesia Católica, pero todavía insistían en la unión de la iglesia y el estado. Como la iglesia incluía a todos los miembros del estado, naturalmente incluía a los corruptos, así como los regenerados. Los anabaptistas rechazaban la idea iglesia-estado. Más bien, insistían en una iglesia pura que se haya sometido al señorío de Jesucristo por obedecer al Nuevo Testamento. Tomaban literalmente las palabras del apóstol Juan (1ra. De Juan 2:3 y 4) donde escribió: “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: yo le conozco y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él.
Menno Simons escribe acerca de las joyas

A continuación aparecen las palabras de Menno Simons, líder anabaptista, a cerca de adornar el cuerpo y el uso de las joyas. Al explicar el reino espiritual de Cristo, decía:

“Este no es un reino en que se exhibe oro, plata, perlas, y ropa costosa, como se hace en el mundo perverso…”

A continuación publicamos la protesta de Menno contra las condiciones que existían en las iglesias del estado:

“Dicen que creen y sin embargo no hay límites para sus desenfrenos, vestidos costosos, anillos de oro, cadenas, plata, zapatillas, y otros atavíos. No toman en cuenta que los iluminados apóstoles, Pedro y Pablo, han prohibido esto en términos claros y precisos a todas las mujeres cristianas. Si esto se ha prohibido a las mujeres, cuanto más debieran los hombres abstenerse de su uso, quienes son los líderes y las cabezas de sus mujeres. A pesar de todo esto, todavía quieren que se les llame la iglesia cristiana.”

La posición de Wesley

El andar sin joyas no es una mera costumbre religiosa, sino una simple obediencia a la palabra de Dios. Hombres en otras iglesias también han reconocido esta verdad y se han sometido a ella. Juan Wesley, un antiguo líder de la Iglesia Metodista, tomo una posición honrada en este asunto. Citamos solo un trozo:

²Complete Works, I, (Obras Completas), Paginas 95F; 144, citado en Cristianity and dress (Cristianismo y el vestido) por John C. Wenger, Paginas 15 y 16, Pensilvania, EE.UU.



“¿Debo ser aún más específico? Entonces, exhorto a todos los que desean que yo vele por sus almas, que no lleven oro… ni perlas o piedras preciosas; no se ricen el cabello ni usen ropas costosas, no importa lo decentes que sean… No compren cosas innecesarias ni simples adornos aunque estén de moda. No lleven nada, aunque ya lo tengan… Que sea en alguna forma festivo, reluciente, o llamativo; nada que este hecho a tono con la moda, o que atraiga la vista de otros. No aconsejo a las mujeres que lleven anillos, aretes, collares, encajes (de cualquier clase o color), o rizos… Es cierto que estas son cosas pequeñas, pequeñísimas, de modo que no valen la pena defender; por tanto, ¡abandónenlas, déjenlas, desháganse de ellas sin protestar! si no, aun una aguja pequeña podrá estorbarles el éxito espiritual y traer mucho daño al alma.” 



³. The Words of John Wesley (Las palabras de John Wesley), Volumen XI. Londres: Biblioteca Metodista-Wesleyana, citado en Seperated unto God (Separados para Dios) por John C. Wenger, Páginas 315 y 316, Pensilvania, EE.UU.

EL ANILLO DE BODA

Las enseñanzas de Judson

Adoniram Judson (1778-1850), misionero bautista en Birmania, escribió una carta a las mujeres cristianas de Norteamérica. Explica en ella de como dialogo con una mujer pagana después de que ella se convirtió. Citare solo un trozo de esta extensa carta:

“Después de un cuidadoso examen, le pregunte a ella si abandonaría adornos por Cristo, ella se sorprendió. Le explique las enseñanzas del evangelio. Apele a su conocimiento de la vanidad. Le leí el pasaje donde el apóstol los prohibió. Ella miro y volvió a mirar su hermoso collar (llevaba solamente 1) y entonces con una modesta decisión voluntaria… se lo quito, diciendo: “Amo a mi Cristo más que a esto”. La noticia de su decisión comenzó a extenderse. Las mujeres cristianas apenas vacilaron en quitar los adornos suyos.”

Judson continúo después de su carta con una apelación a las mujeres de Norteamérica que decía:

“Permítaseme interrogar a vuestra conciencia: ¿Cuál es el motivo real de que se lleven costosos atavíos ornamentales? ¿No ha sido diseñado tal atavío para satisfacer el egoísmo y los acariciados sentimientos de vanidad y orgullo?... ¿Y se puede decir que tales motivos y sentimientos concuerdan con la apacible, humilde, y desinteresada religión de Jesucristo? Yo… sugiero que no den contestación a tales preguntas en seguida ni en presencia de otros, sino esperar hasta que estén completamente a solas, de rodillas ante el Señor. Seguramente que entonces no podrán resistir la enseñanza de Dios. No podrán ponerse de pie en su actual atavío. Gracias sean dadas a Dios, veo que se quitan los collares y los aretes, y todo lo innecesario) ⁴

⁴. Herald of Truth (Heraldo de la verdad) Volumen 10, Pagina 146 a 148. 

II.         El anillo de boda

A la luz de las Escrituras ya explicadas, apenas parecería necesario tratar el anillo de boda como una cuestión aparte. Sin embargo, las practicas sociales de algunos lugares impones presiones asombrosas a los cristianos. En esos lugares, el anillo de boda es una señal de matrimonio; por tanto, cuando observan a cristianos viviendo juntos sin el anillo de boda, les puede sugerir inmoralidad. Por  lo tanto, queremos tratar dos razones básicas que se dan para justificar el anillo de boda.  Primera, en lagunas partes del mundo es una evidencia valida de matrimonio. Segunda, actúa como protección contra los hombres perversos.

¿Es el anillo evidencia de matrimonio?

Pero yo hago la pregunta: ¿Es el anillo realmente una evidencia valida de matrimonio? y ¿Asegura el la fidelidad cuando la cuestión se examina bien? Una vez, cuando mi esposa y yo estábamos llenando ciertas planillas, la persona que nos atendía creyó necesario tener una evidencia valida de nuestro matrimonio. Ella  no miro nuestros dedos, sino pidió el certificado de matrimonio. El certificado de matrimonio debidamente firmado es mucho más fiable y legal que cualquier pedazo de metal en el dedo y puede llevarse fácilmente cuando les sea necesario hacer una copia fotostática. A pesar del hecho de que en los Estado Unidos la mayoría de las personas llevan el anillo de boda, hay una creciente infidelidad en el contrato matrimonial. Aun los artistas de cine los llevan y algunos se han casado más de cinco veces. Por tanto, no mantiene la fidelidad ni produce la fidelidad.

Sin embargo, es importante que miremos a las Escrituras y dejemos a un lado nuestros pensamientos personales para hallar la respuesta a esta cuestión. El anillo de boda es correctamente llamado joya, y como tal es prohibido en la Biblia con claridad por los apóstoles Pablo y Pedro. Debiéramos hacer notar, también, que Jesús no siempre fue comprendido y podemos esperar lo mismo al seguirlo a Él. Como sal de la tierra, debemos fijar un modelo correcto ante el mundo. Lo hacemos por seguir las Escrituras.  

Esto puede atraer burlas, si, hasta persecuciones de lo que no se interesan en comprender. Ser desobediente a la Palabra de Dios no hace más fructífero, al a larga, nuestro esfuerzo de evangelizar, sino que nos roba nuestra seguridad y paz con Dios.

Presiones Sociales

El anillo de boda de los Estados Unidos de América fue establecido por gente mundana y sensual. Al principio, el llevar era cosa de moda. Se lo lleva hoy, mayormente, por costumbre y presión social. Pero no olvidemos que, para el cristiano, las practicas o presiones de la gente nunca determinan si una práctica es justa o no. Si las presiones de la gente determinaran la validez o no de una cuestión, entonces Jesús habría hecho mal al comer con publicanos y pecadores, a quienes vino a salvar. También habría estado mal que los anabaptistas rehusaran inclinarse ante la imagen de la Virgen María o que rehusaran bautizar a sus niños en las iglesias de estado. Aun en la actualidad, si las presiones de la gente determinaran la validez de una cuestión, entonces nuestros hijos deberían estar en los campos de batalla en lugar de seguir la enseñanza del humilde Nazareno sobre no resistir a quien es malo. El cristiano toma la Palabra de Dios como su autoridad y no la práctica de la gente. Por tanto, el acepta las enseñanzas del Nuevo Testamento como solución a la cuestión de las joyas y del anillo de boda.
La protección de la mujer cristiana

¿Qué podemos decir de la supuesta protección que del anillo de boda a la mujer? Hagamos algunas preguntas para exponer este engaño. Si el anillo protege a la casada, entonces, ¿Qué es lo que protege a la soltera? ¿Está la mujer de moral dudosa también protegida por el anillo de boda? Creemos que si la conducta, el atavío, y el velo (1 de Corintios 11:1 al 16) de una hermana cristiana es todo lo que debiera ser, hablaran de su modestia, pureza, y recato. La gente quedara mucho más convencida si su vida concuerda con la Palabra que si es desobediente a ella y a la vez acepta las prácticas del mundo, incluyendo el anillo de boda.

Permítaseme citar lo que dice E. B. Annable sobre este punto:

“¿Cuál es, entonces, la verdadera protección de la casada…? La primera es el certificado de matrimonio… otra protección, segura para casadas y solteras por igual, es la “anticuada” virtud reflejada en caras puras y honestas y en la modestia de conducta y de apariencia. Esta es la verdadera protección… muchas mujeres… no llevan a anillos de boda por razones bíblicas y de conciencia. Llevan más bien la gracia de la pureza y el honor que es muy superior a cualquier señal o símbolo que pueda adquirirse, perderse, robarse, o imitarse. Yo he andado entre mujeres así durante 20 años, y reto a  cualquiera a que encuentre personas casadas más puras sobre la tierra. La lealtad en el matrimonio es su norma y la infidelidad y el divorcio no existen entre ellas. Y en este grupo que se ha mencionado, cientos de sus pastores y esposas… y misioneros han viajado por lo Estados Unidos de América de costa a costa, o atravesado océanos en los asuntos del rey. Nunca he sabido que alguna de ellas se le haya acercado nadie con mala intención, o se le haya avergonzado por falta del anillo de boda… Me siento confiado al decir, aun en estos tiempos de corrupción moral, que una mujer sin adornos, emblemas, o símbolos mundanos, pero modestamente vestida, de pies a cabeza, y con la gracia de Dios en su corazón, puede andar por las calles de un país sin sentir vergüenza y sin que le moleste. Su vestido largo, con mangas, además de una dignidad y conducta propias de una mujer, proclamaría, donde quiera, que ella pertenece solo a Dios y a su esposo. ¡Bien saben los pecadores, a una cuadra de distancia, que ella no les pertenece! ¿He aquí, una genuina protección que es 100 veces más visible que un pequeño aro de metal, y que es recomendada con un poder, mil veces más grande que todos los símbolos y costumbres mundanas puestas en conjunto!”

Si empezamos a seguir el anillo de boda por el significado que tiene, entonces el llevar casi toda clase de joyas podrá justificarse. Casi todas las joyas pueden tener algún valor simbólico o sentimental como el anillo de compromiso, el anillo de curso, etc.

Cuando empezamos a desviarnos de las Escrituras, podemos justificar las joyas aun por algo tan sencillo como su valor sentimental.

Otros testimonios acerca de las joyas

Daniel Kauffman, conocido editor, aunque ya fallecido lo ha dicho bien:

“Si alguna vez se usaran joyas dentro de la iglesia, sería probablemente a través de tolerar anillos de compromiso y de boda… Llevar un anillo de boda no es necesario para la protección de las mujeres casadas ni para recordarles a las personas casadas de sus mutuas promesas de fidelidad. Hoy día, se ven mujeres en los trenes cuyos anillos de boda no previenen la atención de soldados y otros hombres. Todos nosotros hemos tenido esposas y madres y hermanas e hijas, quienes a causa de sus atavíos no conformes al mundo y su conducta casta, han viajado con absoluta seguridad por dondequiera que les tocaba. Es probable que el razonamiento que se usa a favor del anillo de boda sea solo con el fin de justificar la conformidad con el mundo. El uso de joyas está entrando de manera espantosa en nuestra iglesia.

El difunto J.L. Stauffer ha escrito bien las siguientes palabras: “El problema del anillo de boda pudiera resolverse fácilmente si los cristianos estuviesen dispuestos a escuchar la Palabra de Dios acerca del tema de los adornos y del uso de las joyas”.

¿Dios o el dios de la moda?

Tengo a la vista un folleto que me fue dado por una joyería en que se hacen varias descripciones de joyas. Entre los artículos enumerados a relojes de pulsera con un gran letrero: “LA HORA DE LA MODA”. En su mayor parte, creemos que es aceptable llevar reloj de pulsera (de cuero o plástico)… La necesidad de cuidarse en este asunto se vería si alguien explicara a un pagano lo pecaminoso que es llevar sus brazaletes de hueso o metal, cuando el (ella) mismo (a) lleva un reloj de pulsera reluciente.

Algunas mujeres saben bien usar la aguja y les será fácil hacer adornos o poner botones en lugares innecesarios. Quizás lo hagan con el mismo propósito que mueve a otras a llevar joyas (Romanos 2:1). También se podría mencionar a los hombres que llevan objetos alrededor del cuello con el solo propósito del adorno personal (corbatas y moños).

No creo que la iglesia pueda retener por mucho tiempo su posición en contra del uso de las joyas, a menos que adopten una posición en contra de todas las vanidades innecesarias. El propósito de estas vanidades es llamar la atención al cuerpo y esto está prohibido por la Escrituras junto con el uso de las joyas.