martes, 21 de mayo de 2013

Diligencia



“No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; Ninguno de ellos se acercará a mí”. Salmos 101:3

Hoy en día el mundo dejó de ser cuidadoso, con el paso de los años las personas que lo habitan han desechado el ser cuidadosas, no nos referimos al cuidado de las cosas materiales, sino a las cosas espirituales. La pérdida de valores espirituales ha convertido al hombre en “egoísta”; el egoísmo se apodera cada vez más de la sociedad en que vivimos actualmente, esta actitud provoca que el ser humano se vuelva insensible ante las cosas que dañan el alma, la insensibilidad y el rechazo al alimento espiritual están matando al hombre, éste cada vez se seca más por dentro, aunque externamente no podamos percibirlo, esta sequía interna provoca que su corazón se endurezca lentamente. Cuando una persona deja de ser cuidadosa, comienza a ver las cosas malas como normales, no se da cuenta del mal, ya no lo percibe, porque se ha acostumbrado a hacerlo, incluso logra ignorar lo que le dicta su conciencia a tal grado de adormecerla o entumirla. Por ejemplo, cuando una persona comienza a ver algún programa televisivo y en éste se proyecta el vestido indecente, al principio hay cierto rechazo a ver ese programa, la conciencia le dicta a la persona que lo que está viendo no es correcto, la persona sigue sentada viendo el programa y con el paso del tiempo es atrapada por lo proyectado, días después ve el mismo programa y ya no escucha esa voz interna que le decía “no veas ese programa” su conciencia ha sido desactivada. Poco tiempo después eso ya no le satisface, necesita ver más, la persona necesita ver lo poco que las mujeres “vestidas indecentemente” se cubren, es muy posible que su búsqueda termine en la pornografía, ese descuido ha provocado que por medio de sus ojos su alma haya sido contaminada con la perversidad mostrada en dicho evento.

¿Qué es ser cuidadoso?

En cualquier diccionario secular encontramos definiciones del término tales como: “Aquel que protege o conserva una cosa con esmero o interés, que hace las cosas con atención, que es atento”. Si estas definiciones las llevamos al terreno espiritual, podríamos enfocar estos significados al cuidado de “nuestra alma”. Este artículo tiene la finalidad de analizar qué dice la Palabra de Dios acerca del ser cuidadosos con respecto a las cosas espirituales, a las cosas que edifican el alma de los seres humanos, a través de algunos versículos bíblicos reflexionaremos acerca de la voluntad del Señor con respecto al tema. Un sinónimo de cuidado es diligencia, y en la Palabra de Dios encontramos este término en versículos del antiguo y nuevo pacto.

Deuteronomio 4:9
[La experiencia de Israel en Horeb] “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos”.

Moisés exhorta al pueblo de Israel en este pasaje.

En el caminar cristiano, es importante guardar nuestra alma de las cosas que no agradan a Dios: mentir, maldecir, hurtar, odiar al prójimo, jactarse, impaciencia, pereza, malos pensamientos y falta de fe, son algunas de las cosas que no agradan al Creador. Si nos rendimos a cualquiera de estas cosas, nuestra alma se ensuciará, “guarda tu alma con diligencia”dice el versículo, es decir, sé cuidadoso y no permitas que algo que va en contra de la Voluntad de Dios te traspase y corrompa tu ser interno. Guardándonos así, las cosas que Dios ha hecho en nuestras vidas nunca se apartarán de nuestro corazón, su bondad y misericordia estarán presentes en cada momento de nuestra vida y no dejaremos de oír esa voz que nos dice “hey, no vallas por ahí, eso no agrada a Dios”.

Josué 22:5

“Solamente que con diligencia cuidéis de cumplir el mandamiento y la ley que Moisés siervo de Jehová os ordenó: que améis a Jehová vuestro Dios, y andéis en todos sus caminos; que guardéis sus mandamientos, y le sigáis a él, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma”.

Siendo cuidadosos, andando en la luz que tenemos, poniendo en práctica los mandatos del Señor, es como le servimos. Es triste ver que en la actualidad muchas personas han decidido ir por sus propios caminos, rechazando el Señorío de Dios, pensando en que son dueños de sus vidas y que eso les da el derecho de decidir hacer lo que a ellos les parece correcto, yendo por la vida gozando de los deleites que el mundo ofrece. Muchos piensan erróneamente que son libres viviendo así, pero no se han dado cuenta de que la verdadera libertad es no pertenecer al sistema de este mundo, recordemos que todo lo que ofrece dicho sistema es una distracción de las cosas realmente importantes, el propósito de esa distracción es controlarnos, mantenernos con una venda en los ojos y al mismo tiempo, destruir nuestra alma. La violencia, el egoísmo, la indecencia, la corrupción, el engaño, todo esto es lo que se esconde en los deleites de este siglo, eso es lo que destroza el alma.

Josué 23:11
“Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios”.

Aquel que no guarda su alma, no puede amar a Dios, pues no está cumpliendo con Sus mandatos, “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:20). El que no le ama no le obedece (Juan 14:24). Aquel que no es cuidadoso con su alma no puede servirle al Señor; la sociedad siempre busca pretextos para no obedecer a Dios, mencionan cosas como: “nadie es perfecto”, “somos débiles”, “estamos en la carne”, “Dios es bueno, Él no permitirá que mi alma se pierda aunque siga pecando”, “Dios es un castigador”, “Su Palabra es muy dura, no es para estos tiempos”, entre otras muchas escusas que las personas han inventado para no someterse a Sus mandatos. Desde el principio de la creación esto ha sucedido, el hombre tiende a rechazar la comunión con Dios.

Dios creó este mundo para que el hombre lo habitara, le proveyó lo necesario para vivir en tranquilidad y constante comunión con su Señor, “que bendición vivir de tal manera”. Pero al hombre no le fue suficiente, se rindió al engaño, a la mentira, dejó que su alma se contaminara, rechazó una relación de amor obediente y prefirió tomar su propio camino, decidió entumir su conciencia y permitir que su alma se llenara del mal que abunda. Hoy es igual, son pocos los que quieren seguir a Dios, ser Sus hijos y vivir para obedecerle y ser instrumentos del bien.

Proverbios 12:27
“El indolente ni aun asará lo que ha cazado; Pero haber precioso del hombre es la diligencia”.

Dios se agrada de aquellos que son cuidadosos y que todos los días están pensando en cómo agradar a su Señor. “Quiero agradarte Padre, qué puedo hacer en este día para agradarte”. Vivir en sumisión a la guía de Dios nos otorga libertad, aunque esto muchos no lo entienden; el pensamiento humano dicta: “¿Cómo puede ser libre alguien que tiene que obedecer a un Ser Supremo que ni siquiera ve?” a esto debemos contestar, “¿Quién es entonces libre, el que vive esclavizado en los deleites destructivos de este mundo o el que ha decidido darle la espalda al mundo?. La misma filosofía humana dice que todo en exceso destruye, y el mismo ser humano vive en los excesos; la gente carece de fe, siempre espera algo a cambio, esperan ver a un dios que les resuelva la vida, un dios material, el dinero por ejemplo es uno de esos dioses al que el hombre actual sirve.

La filosofía del mundo dice: “¿Qué tiene de malo hacer esto, el otro y lo que sea?” en cambio quien decide servir al Señor reflexiona: “¿Qué tiene de bueno hacer eso, le agrada  a Dios?”

Quien no quiere la verdad no es libre, aunque se invente para sí mismo códigos de valores propios.La verdad es la que nos hace libres, Jesús dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres”(Juan 8:31,32) Cristo se refería a ser libres de las trampas de este mundo engañador que ahoga la vida espiritual de las personas.

Romanos 12:11
“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”

Qué es aquello que requiere diligencia, en qué tenemos que ser cuidadosos, bueno ya hemos mencionado que en todo aquello que ensucia nuestra alma. No nos confiemos ni tengamos por menos algo que sabemos no agrada a Dios, es necesario cortar de raíz aquello que puede ser de tropiezo, es importante evitar aquello que no va de acuerdo con las enseñanzas del Señor.

El camino de la vida cristiana es angosto (Mateo 7:14) y en cualquiera de los dos lados encontramos un abismo, es por eso que debemos ser muy cuidadosos en nuestro caminar, cualquier desviación nos puede llevar a caer y cualquier cosa que nos haga claudicar nos llevará corriente abajo, la vida del cristiano es una constante lucha para avanzar en contra de la corriente de este mundo.

Efesios 5:15
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios”

Hay que autoanalizarnos con humildad y honestidad, ver en qué estamos fallando, ser atentos a las cosas que no agradan a Dios y si encontramos algo debemos eliminarlo, el necio nunca aceptará su error, no olvidemos que“El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, el mal camino, Y la boca perversa, aborrezco.”(Proverbios 8:13) los que son necios prefieren vivir conforme a lo que ellos creen que es lo correcto aunque se les demuestre que están en error. “Andemos como sabios” dice el Apóstol Pablo, ¿Cómo podemos andar sabiamente? Bueno, en la Palabra verdadera dice: “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28:28), cuando tememos con amor obediente a Dios hemos de encontrar la sabiduría que el provee, y cuando alguien se aparta del mal es contado por inteligente, cuántos ejemplos podríamos poner aquí para demostrar que el que se aparta del mal es inteligente.

2 Timoteo 2:15
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”.

Dios aprueba a aquellos que ante todo buscan primeramente Su Reino Celestial, no a los que saben mucho de la Palabra, en aquel día el Rey de reyes pedirá cuentas de lo que sabíamos y no pusimos en práctica. “como obreros que no tienen de que avergonzarse”, el que obra, el que pone en práctica sus mandatos no tendrá nada de qué avergonzarse en el día del Señor, porque usó bien la Palabra de Verdad. Presentémonos pues aprobados ante Dios, practiquemos la Palabra en todo aspecto de nuestra existencia en este mundo, Dios aprobará a los que confían en Él y creen en su Palabra, es decir, a los que hacen la voluntad del Padre, no a los que dudan de su poder y por eso no le temen, por ende tampoco confían y carecen de fe. Dios no nos va a hacer un examen escrito de lo que sabíamos o no de su Palabra, Él pedirá cuentas a cada uno conforme a sus acciones, de nada sirve la teoría si no la ponemos en práctica, el conocimiento envanece, mas la praxis de la Palabra edifica el alma y la protege de cualquier mal.

Hebreos 2:1
[Una salvación tan grande] “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”.

Atendamos a la Palabra de Dios, cuando alguna situación en nuestra vida nos llame a claudicar, pensemos qué pensará nuestro Señor al respecto, ¿Qué haría Él?, En el antiguo pacto la Palabra fue dicha a través de los ángeles y fue firme (ver destrucción de Sodoma y Gomorra en Génesis), cuánto más ahora, que Dios mismo se hizo hombre para bajar a este mundo y mostrarnos directamente su Sabiduría, sus instrucciones, Él vino a enseñarnos una forma de vida, no cómo entender la Biblia, las personas toman en cuenta todos los beneficios de ser hijos de Dios, se aferran a las promesas pero desechan la obediencia, se olvidan pues de lo que Él enseñó.

2 Pedro 3:14
“Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz”.

Nuestra visión debe estar puesta en las cosas eternas, residimos aquí en espera de tales cosas y mientras tanto nos esforzamos a diario a caminar contra la corriente de este siglo corrompido por la maldad, sabemos que ya el mundo no es nuestro hogar y que anhelamos ser parte de la ciudad Celestial, en donde con gran gozo en el Reino del Señor habitaremos en santa paz.

Para concluir, Justino Mártir (160 d.C.) escribió lo siguiente acerca de la naturaleza del alma: “Las almas no pueden ver a Dios ni transmigrar a otros cuerpos. Si pudieran, sabrían por qué son castigadas; y por tanto, temerían incluso cometer el más leve pecado. Sin embargo, sí pueden percibir la existencia de Dios y que la justicia y la piedad son dignas de honor”.


“He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, Sobre los que esperan en su misericordia, Para librar sus almas de la muerte, Y para darles vida en tiempo de hambre. Nuestra alma espera a Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, Porque en su santo nombre hemos confiado. Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros, Según esperamos en ti”. Salmos 33:18-22. Amén.
Por Pedro Santos