miércoles, 5 de junio de 2013

Casi en el cielo


Saludos en el Nombre del Señor Jesús. Estoy agradecido por el mensaje en el último canto que entonamos acerca del Señor y de Su agonía en el Getsemaní, rindiendo Su voluntad. Pienso que en la eternidad encontraremos que allí es donde estaba Su cruz, y que no se trataba de la madera y los clavos; pienso que esas cosas eran muy triviales para Él. Hoy día se pone tanto énfasis en sólo Su sufrimiento físico, que ciertamente fue horrible, pero no se toma en cuenta que Su verdadera lucha estuvo en Su voluntad, tal como nuestra verdadera lucha está en nuestra voluntad. Es por eso que debemos poner el énfasis en que nuestra salvación depende de nuestra voluntad, no “solamente” de lo que hacemos, porque nuestra voluntad determina lo que hacemos (van ligadas). O estamos dispuestos y rendidos para obedecer, o estamos dispuestos y entregados a no obedecer.

Podemos decir muchas de las mismas cosas que los demás, y sin embargo, sin esa disposición (la de rendir nuestra voluntad a Dios) se vuelve tan confuso a veces tratar de predicar a otros y hablar acerca de la obediencia (no lo entienden); pero no son las cosas externas de lo que estamos hablando, aunque sabemos que el rendirnos afectará lo externo, pero no es acerca de eso, sino de la voluntad. Y cuando nuestra voluntad está sujeta a agradar a Dios y a hacer Su voluntad, estas son evidencias de cosas que nos unen… y todo proviene de una voluntad rendida.Es por eso que podemos leer acerca de Cristo y de Su tribulación y podemos cantar acerca de ello, de cómo Él estaba en el jardín y oró en agonía sudando gotas de sangre. Allí estaba Él rindiéndose: “No se haga mi voluntad, sino la Tuya.”

Esta mañana quiero hablar básicamente sobre eso, pero quizás de una manera un poco diferente, acerca de cómo es posible que estemos haciendo muchas cosas correctas y aun así no tener nuestra voluntad rendida a Dios. Quiero leer sobre eso no sólo en cosas que hemos hecho, sino también en cosas que haremos.

Hebreos 12:1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,”

Antes hemos hablado acerca de esta gente, y este pasaje viene después de Hebreos 11, donde se habla de los héroes de la fe, y veo la imagen o figura de cómo están todos estos héroes de la fe en la eternidad, y hay una gran nube de testigos sentados en unas gradas o tribuna (para ayudar a ver la figura) alrededor de un gran coliseo, y justo en medio del campo es donde los jugadores (nosotros) estamos actualmente jugando, o trabajando, o luchando. El enfoque está en nosotros, la generación en la que vivimos está bajo el enfoque de las gradas de aquellos que ya están en la eternidad; el cielo, el infierno, los santos antes que nosotros, todos nos están observando en este mundo y observan quién está en juego, y quién está haciendo qué, y quiénes están allí. Estamos siendo observados por una multitud de personas que han ido antes que nosotros. Creo que los ángeles y los demonios también están observándonos. Es nuestra oportunidad ahora; en eso es en lo que más énfasis quiero poner.

Vayamos al versículo 12, donde dice: Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas;” aquí pensando en este escenario, estamos pensando en alguien que está en una lucha o en una batalla. Nos debilitamos y somos golpeados un poco. Y lo que nos está diciendo es: “¡Levántate!” “¡Anímate!”

V. 13: “…y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.”Aquí nos está hablando de alguien que quizás ha sido un poco golpeado y herido en la batalla. De todas formas anímate. Sigue adelante. Puede ser que no podamos hacer todo lo que quisiéramos hacer por ahora mismo, ¡pero igual sigue adelante! En Efesios dice que habiendo acabado todo, estemos firmes. Eso siempre me ha bendecido mucho. Si llegamos a tal punto en que no podamos hacer nada sino sólo permanecer firmes, ¡PERMANECE FIRME! Si llega el punto en el que ni siquiera puedas dar un paso siguiente, bueno, pues quédate firme. Si no puedes más que gatear,… pues,… gatea, pero sigue adelante. No te desanimes. No te salgas del camino, sino más bien deja que se sane aquello que Dios tenga que sanar. Cuando alguien nos ofende, cuando alguien nos es de tropiezo, cuando no somos tomados en cuenta, no vamos a dejar que nada de eso nos desanime, sino más bien que sea sanado y sigamos caminando.

V. 14: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”Santidad. Paz. Seguir la paz es parte de la fe Cristiana. Es procurar estar en paz con todos los hombres, amar a nuestros enemigos, orando por ellos y hacer el bien, bendiciendo y no maldiciendo. No sólo hacer lo que es justo, sino ir más allá de la justicia y hacer lo que el Señor requiere e hizo. “… y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”Si tomáramos tan sólo ese único versículo, con él podríamos callar a toda la multitud de “creyentes” en el creer fácil (personas que dicen creer en Dios pero no le obedecen, pues con sus acciones lo niegan y piensan que aun así, El Señor se agrada de ellos). Sin santidad NADIE verá al Señor.

V. 15: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios;…”Mirando con diligencia, no sea que alguno ya no alcance la gracia de Dios. En esto días hay maestros que dicen que es imposible caer de la gracia, pero aquí tenemos un claro mandamiento de mirar bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios o caiga de ella. Eso destruye la definición moderna de gracia, que afirma que porque estamos bajo la gracia, todo lo que hagamos queda absolutamente perdonado y que entonces no importa si seguimos en pecado. Una vez más, como dije la semana pasada, no es la gracia de Dios la que está en juego o a prueba. Es lo que haremos con ella. El amor de Dios por nosotros no está en tela de duda, pero sí está en juego nuestro amor por Él.

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;”Nunca, nunca, nunca permitas que un poco de desánimo se convierta en amargura. Porque te llevarás a mucha gente entre los pies (contaminarás a muchos más). Por eso guárdate, es lo que nos está diciendo. Guárdate de que eso te ocurra.

V. 15-16: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.

Esaú cayó por preferir algo temporal. Tomó una decisión equivocada y vendió su primogenitura, menospreciándola, pensando poco en ella, estando dispuesto a cambiarla por algo temporal.

V. 17: Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.”

Este es quizás uno de los versículos más tristes de toda la Biblia. Después… cuando miró hacia atrás, cuando ya no era el momento de recibir la bendición, cuando ésta ya se había ido, se lamentó y tuvo remordimiento al reflexionar que había perdido la bendición para siempre. Luego procuró recuperarla con lágrimas, pero ya no pudo hacerlo. Con lágrimas procuró, pero ya no había vuelta atrás. La bendición ya no estaba allí, ya se había ido.Tenemos sólo una vida, sólo una vida para vivir. Al final de esa vida, en el Día del Juicio, recordaremos nuestras vidas y el Señor nos pondrá como en una película nuestra vida, cada detalle de ella, cada decisión, y vamos a sentarnos y a observar. Vamos a ver cada decisión que tomamos y por qué la tomamos. Vamos a ver lo que pudimos y debimos haber hecho, y no hicimos, vamos a ver dónde podríamos o pudimos haber estado, y no estuvimos. Tenemos sólo una vida para vivir.

Esaú desperdició su única oportunidad. Tomó la decisión equivocada y no hubo lugar para corregirla. Ahora tenía que enfrentar la tremenda realidad de perder lo que Dios había planeado para él. Al pensar en la eternidad, creo que no habrá nada peor que el tormento mental de lo que debimos o no debimos haber hecho a fin de evitar un desastre. Tan sólo en esta vida terrenal, todos conocemos gente que ha tomado malas decisiones, o nosotros mismos lo hemos hecho alguna vez, y yo conozco personas que tomaron una decisión que trajo un desastre absoluto sobre los demás, y he visto cómo es tan difícil para esas personasperdonarse a sí mismas por lo que hicieron, al punto de prácticamente volverse locas, porque sus mentes no pueden manejar la verdad, debido a la culpa que sienten por lo que debieron, o no debieron haber hecho. Pienso que aunque habrá un fuego en el infierno, que seguro será tremendamente horrible, uno de los peores tormentos en el infierno será la propia mente del individuo que esté allí, pensando lo que pudo haber hecho para evitar estar allí y para evitar que otros fueran allí, pero no lo hizo, y ver a cuánta gente lastimó y ahora no puede corregirlo. Pues el tiempo habrá borrado toda oportunidad de enmendar los errores del pasado.

A veces tenemos la oportunidad de corregir cosas malas que hemos hecho, y de verdad que es una gran bendición. Todos hemos hecho cosas malas en contra de otra gente, y, como ayer compartía el hermano Brian acerca de cómo algunos evangélicos llegan al punto de casi glorificar el pecado al dar testimonios impresionantes acerca de cuán perversos fueron en el pasado y ahora están limpios de eso; Pues para mí, sinceramente eso no me causa tanta impresión, en cambio,ver que alguien vuelve y enmienda el mal que ha cometido, haciendo restitución, eso sí es fuerte y es de bendición. Juan el Bautista, cuando venían a ser bautizados por él, les contestaba: “Haced frutos dignos de arrepentimiento.” ¿Dónde están las evidencias de que en verdad te duele haber hecho lo que hiciste? La gente que lastimaste aún está lastimada. Ve y arréglalo primero. Jesús dijo que si traes tu ofrenda al altar y hay alguien con quien debes reconciliarte, primero te reconcilies y luego lleves tu ofrenda al altar. “No me importa qué clase de ofrenda o regalo me traigas, es basura si no tienes un verdadero arrepentimiento,” dice el Señor. Estoy parafraseando, pero no creo haberle hecho ningún daño a las Escrituras. Así que gloria a Dios si tienes aún la oportunidad de hacer restitución. Hay gente que daría lo que fuera por tener la oportunidad de enmendar lo que ha hecho, pero ya sea porque ya salieron de este mundo, o porque sus circunstancias no se lo permiten, no pueden ya hacerlo.

“No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.”Una sola comida. Un plato de sopa roja de lentejas con un poquito de carne. Todo se redujo a sentarse y comer un plato de comida. Pensarías que para vender su primogenitura, al menos hubiera sido un verdadero manjar (que sabemos, tampoco lo vale), y he aquí vendió su primogenitura por lentejas con tantita carne y jitomate. Y al llegar el tiempo de la bendición, ésta ya se había ido. Y ya no hubo lugar para el arrepentimiento. Ya no pudo hacer nada.

Recuerdo cuando estaba recién convertido, que salí a tocar casa por casa para testificar y tuve la oportunidad de hablar con una pequeña familia, un matrimonio joven con dos hijos pequeños que de hecho vivían en los departamentos que yo rentaba, cuando aún no me deshacía de los departamentos. Sentí que debía ir y hablarles acerca de su alma. Ya antes había podido testificarles un poco, pero sentí que debía de ir otra vez, pero por desidia y por temor, lo pospuse y lo pospuse, hasta que ya no aguanté más el sentimiento de que tenía que ir, y finalmente fui a buscarlos. Al llegar, toqué a la puerta varias veces y nadie salió ni contestó, así que toqué varias veces más, cada vez más fuerte, pensando que no oían. Toqué tan fuerte que la vecina de en frente salió y me preguntó que si buscaba a esa familia. Yo le dije que sí y entonces ella me preguntó: “¿Qué no escuchó lo que pasó?” “¿Escuchar qué?” pregunté. Y me dijo: “Antenoche ellos iban en su auto, tuvieron un accidente y todos fallecieron.”Me sentí terriblemente mal. Ya no había manera de volverlos a la vida. Ya no había manera de que se pudieran salvar. Ahora no puedo hacer nada más que lamentar ese hecho tan terrible, y no fallar para la próxima.

Solo una vida. Sólo una oportunidad. Podemos jugar en esta vida, aferrándonos a algún pecado favorito secreto, a alguna clase de mundanalidad, a algún tipo de rebelión o soberbia, a algo pequeño, a un pequeño plato de lentejas que nos gusta demasiado como para poder rendirlo, y preferir quedarnos en nuestra zona de comodidad en vez de asociarnos con la cruz… O al contrario, podemos rendirnos al Señor por completo.

Pensemos en el apóstol Pablo en Hechos 26, hablando con el rey Agripa. Pablo le había estado contando su testimonio, y luego en los hechos 26:22-28, le dice al rey:

Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder:

Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles.

Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco.

Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura.

Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón.

¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.

Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano.”

Por poco me persuades a ser cristiano.Casi cristiano. Ese va a ser uno de los clamores más tristes durante toda la eternidad: casi, casi, casi. Casi le entregué mi vida a Jesucristo. Entregué el 99% pero hubo una cosita que no quise ni pude entregar.Casi.Pero fallé.

Casi acabé la carrera.¿Pero acabaste?

Casi hice la obra que se me encomendó.¿Pero la hiciste?

Casi.¿Qué tanto funciona el casi?

Ya he contado el ejemplo del hombre que estaba siendo perseguido por un tigre. Tenía una casa en el bosque y había salido de su casa para cazar con su rifle. Cerró la puerta y guardó las llaves en su bolsillo. Aún no estaba tan lejos de su casa cuando oyó a un tigre y de pronto ve que el tigre estaba frente a él, a una buena distancia todavía. Levantó su rifle, le apuntó al tigre y jaló del gatillo, pero por alguna razón el tiro se cebó y se atascó. Sólo traía una bala en el rifle. El tigre comenzó a caminar hacia él, así que el hombre comenzó a caminar hacia atrás. El tigre empezó a caminar más rápido, así que el hombre comenzó a caminar más rápido hasta mejor voltearse y empezar a correr. El tigre empezó a correr tras él. El hombre corrió hacia su casa con todas sus fuerzas mientras oía al tigre detrás de él. Saltó al porche o entrada de su casa a tiempo, llegó a la puerta, sacó las llaves de su bolsillo y al querer introducirlas en la perilla, se le cayeron, así que… casi llegó a su casa. Casi es fracasar.

“Casi cristiano” será el clamor más miserable durante toda la eternidad.

Casi me rendí al Señor.

Casi hice lo que debía hacer.

Casi abandoné el mundo.

Casi amé a mi prójimo.

Casi amé a Dios con todo mi corazón.

Casi me negué a mí mismo.

Casi llevé mi cruz cada día.

Casi me quedé en el puesto o poste en el que Dios me dejó.

Escuché un testimonio acerca de un hombre que salía a las calles a predicar en una esquina, obsequiando folletos y tratando de hablar personalmente con la gente. Eso lo hizo durante 20 años sin ningún fruto, así que decidió que nadie lo iba a escuchar y finalmente dejó de hacerlo. Unos 10 años después, él iba pasando por esa misma esquina y vio a otro hombre predicando, así que se acercó a él y le dijo: “Sólo estás perdiendo tu tiempo, hombre. Yo hice exactamente lo mismo que tú en esta misma esquina durante 20 años y nadie me hizo caso.” El nuevo predicador preguntó: “¿En esta misma esquina? ¿Y cuándo dejaste de hacerlo?” Al recibir la respuesta de que hacía 10 años, respondió: “Pues hace 10 años yo iba pasando por aquí y vi a alguien predicando, que ahora sé que eras tú, y esa es la razón por la que ahora yo estoy aquí hoy.”

El hombre se había rendido.Casi.Ya no hubo lugar para el arrepentimiento.

Pienso en el canto “Casi persuadido,” que dice: “Casi persuadido, la cosecha ya ha pasado y yo estaba casi persuadido, pero el casi no puede funcionar, pues el casi es fracasar. Amargo clamor: casi, pero perdido.”

Las decisiones que tomamos tienen consecuencias. Y segamos lo que sembramos. Sí, segamos lo que sembramos. ~


Por David Keeling, transcrito por Josué Moreno