jueves, 13 de junio de 2013

Atención


 
“Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:10)

Habla porque tu siervo oye

Aquel que ha decidido seguir las enseñanzas de la Palabra de Dios debe estar atento a lo que dictan dichas instrucciones, no se trata sólo de profesar de labios ser un creyente de Dios y no hacer nada de lo que Él manda (Religiosidad). El cristianismo en sencillas palabras es seguir a Cristo, practicar sus enseñanzas, escuchar sus Sabias Palabras y ponerlas por obra en la vida diaria; es un camino de constante lucha, en el cual, tenemos (gracias a Dios) una guía para saber  cómo dirigirnos en este tiempo de maldad, todo lo que Jesús vino a enseñarnos es esa guía que nos ayuda a seguir adelante, por ende, cualquiera que no practique Sus Sencillas Enseñanzas no tendrá esa guía necesaria para avanzar en este camino.

Oídos para oír

“Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.” (Marcos 4:9)

Los que tardan en oír no pueden servir a su Señor; si las personas no escuchan no pueden atender aquello que se les ha pedido. Por ejemplo, es muy difícil atender a dos personas al mismo tiempo, no es tan fácil estar atentos a los que nos dicen dos personas a la vez, muchas veces tratamos de poner atención sólo a lo que nos dice una de las personas, pero a la otra no le ponemos cuidado, “escuchamos el sonido de su voz pero no oímos con atención sus palabras”.  Otro ejemplo es cuando éramos niños y mamá o papá nos daban alguna orden y por estar jugando o distraídos en algo que creíamos era más importante no pusimos atención, después venían nuestros padres y se daban cuenta de que no acatamos sus órdenes, una vez más escuchamos la voz pero no pusimos atención.

Las personas se hacen tardas para oír cuando comienzan a creer que la desobediencia no es mala. Muchos en este tiempo y en la “cultura actual” (desligada a Dios), se hacen a la ideología de que no tenemos por qué obedecer a la autoridad, que es posible vivir sin acatar las reglas; y en efecto, es posible vivir así, pero las consecuencias de no acatar las leyes y normas conducen a una vida de constante inconformidad y disgusto por lo que sucede a nuestro alrededor, una vida intelectual de constante crítica pero falta de acciones que aporten a una estabilidad personal. Es decir, hablar mucho pero no hacer nada por mejorar.

En la vida cristiana (ligada a Dios) es muy parecido, cuando aquella persona ha creído en Dios y decide seguirle, ha hecho un compromiso con su Señor; obedecer a sus mandatos y hacerse al Señorío de Dios  implica apegarse a Su voluntad en cada aspecto de la vida. Sí esa persona con el paso del tiempo comienza a ignorar la Palabra de Dios, o sea, no acata los mandatos de su Señor y hace lo contrario a Su voluntad, entonces se está convirtiendo en tarda para oír. Dios estableció sus mandatos por medio de Sus Palabras, esos mandatos son la guía que nos llevará por buen camino, nuestro Padre Celestial sabe lo que nos hace daño y nos ha dado las herramientas necesarias para librarnos de eso que nos hace mal; Por ejemplo: el adulterio, mata el alma del hombre (Ver Proverbios 6:32), pero Dios nos ha dado un mandato para librar nuestra alma de ese mal. Sí el Señor le dice a una persona “mirar a una mujer para codiciarla es adulterio (Mateo 5:27,28) y que ningún adúltero heredará Su Reino (1 Corintios 6:9)  y aun así, esta persona codicia con los ojos a una mujer que pasa por la calle vestida indecentemente, entonces es un indicio que no cree que lo que le está diciendo su Señor, no cree que sea tan malo adulterar, aunque Su Señor diga que ningún adultero entrara en Su Reino; sólo un poco y no va a pasar nada dice en sus pensamientos esa persona; con el paso del tiempo deja de permanecer en la Palabra y Enseñanzas de su Señor, ya no cree en lo que Él dice (creer es obedecerle), no quiere acatar Su Voluntad y desecha la verdad, dejó de ser libre. (Juan 8:31)

Dos comparativos bíblicos

1 El que oye y el que no oye

El que es atento oye, el que no es atento no oye, es así de sencillo. El que es atento por su voluntad decide escuchar lo que dice Su Señor y de igual manera el que ha decidido no oír, por su propia voluntad ha desechado el escuchar los mandatos de Dios.

Acerca del que oye dice en Mateo 7:24 lo siguiente: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca”. Es importante resaltar la parte en la que el Señor dice “me oye estas palabras, y las hace” es decir que, no se trata sólo de escuchar los mandatos de Dios y retenerlos en nuestras mentes acumulando conocimiento, es más bien poner en práctica las instrucciones que Él nos da por medio de sus Sabia Palabras, de esta manera el hombre es tomado por prudente, y es así como se mantiene firme en su caminar, pues su base es la roca. En contraste para el que no quiere poner atención dice: “Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena” (Mateo 7:26) Es muy clara la Palabra, y aquella persona que decida no poner por obra lo que le ha mandado su Señor, será contada como insensata, fatua o falta de entendimiento, porque ha escogido tener como base la arena, que al contrario de la roca no da la estabilidad necesaria para mantenerse firme en este camino. “Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal” (Proverbios 1:33)

2 El que le ama y el que no le ama

El que ama a su Señor, no dudará ni por un instante que lo que Él le dice es la Verdad, creerá siempre en Él sin poner escusas, aunque muchas veces no entienda el significado de su Voluntad, sabrá que nada que venga de su Amo le es para mal y como un niño confiará de todo corazón en Él. Dice nuestro Señor: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. (Juan 14:21) es decir, el hombre que ama a Dios es el que ha escuchado Sus mandatos y decide obedecerlos porque está convencido que de esa manera obtendrá el cuidado de su Señor. La Palabra no dice “El que tiene mis mandamientos y después de entenderlos, los guarda”, sencillamente dice que es tenerlos y guardarlos, aunque a veces no los entendamos.

Más adelante Cristo explica: y yo le amaré, y me manifestaré a él”. Y De qué manera se manifiesta Dios en nuestra vida, lo vemos a diario, cuando nos da el trabajo para obtener el sustento del día, el abrigo para el frio, lo vemos también en Su cuidado cuando estamos enfermos, cuando nos ilumina para solucionar algún problema, y en todo aspecto donde se muestra Su Mano generosa.

Por el contrario el que no le ama tristemente no obedecerá lo que ha escuchado de su Señor, “El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14:24), rechazar la relación de amor obediente con Dios es rendirse a la maldad, y lo más triste de esta situación es estar consciente de que la maldad es el camino que lleva a la perdición de nuestra alma y aun así rendirse a eso. “porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella”; (Mateo 7:13)

Todo aquel que es de la verdad, oye Su voz

“Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.” (Juan 18:37)

Dice la Palabra de Dios “Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 4:7). A veces la Palabra es dura y difícil de entender, pero es ahí cuando tenemos que escuchar con mucha más atención, rindiendo nuestro corazón y mente a esa voz que nos llama y nos dice “guardad mis estatutos, y ponedlos por obra” (Levítico 20:8), si oímos esa voz no cerremos nuestro corazón para que se endurezca, atendamos más bien a esos mandatos que son la guía para avanzar en este mundo engañoso, no nos rindamos a la palabra vana y blanda del hombre, porque “Por su generosidad Dios dio a conocer al ser humano el bien de la obediencia y el mal de la desobediencia, a fin de que el ojo de su alma por propia experiencia pueda elegir juzgando lo que es mejor, y nunca descuide por pereza el mandato divino”. (Ireneo - 180 d.C.).

Dios Bendiga Sus Sabias Palabras de Vida.

  Por Pedro Santos