lunes, 10 de febrero de 2014

¿Para QUÉ estás viviendo?


Hoy mi esposo reparó un Volkswagen de un muchacho, y, puesto que todavía seguía trabajando hasta la hora de la comida, la mamá de Rafael, Yolanda, trajo su comida para acá. Ambos se sentaron con nosotros a la mesa, y después de la comida Yolanda bondadosamente lavó una gran pila de trastes por mí. Mientras que trabajábamos, llegamos a conocernos mejor. 
En el curso de nuestra conversación, ella me preguntó si no extraño vivir en los Estados. Ella piensa que estamos “sufriendo” aquí en México, y que podríamos ser mucho más felices si regresáramos a los Estados. Pero yo objeté a eso–“Ciertamente no estamos sufriendo aquí. Tenemos tanto– ¡somos ricos! La Palabra de Dios dice: “Teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” (1ª Timoteo 6:8). Nuestro Señor ni siquiera tenía un lugar dónde recostar su cabeza.”
Como Yolanda siguió comentando, muchos mexicanos, así como gente de otros países centroamericanos, quieren ir a los Estados (y lo hacen) porque anhelan una vida “mejor,” más cómoda, con más cosas. Y para Yolanda, era difícil entender por qué escogimos vivir aquí en México, si nacimos en los Estados Unidos.
Yo me alegro de haber tenido la oportunidad de compartir con ella. No estamos viviendo para la vida aquí y ahora– ¡nuestros ojos están puestos en la vida que ha de venir! Y cuando nuestra meta es agradar a nuestro Señor y estar en el lugar en el que Él quiere que estemos, estamos contentos y felices donde sea que Él nos llama. Nosotros “anhelamos un mejor país, esto es, celestial.” (Hebreos 11:16). Estamos buscando una “ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” (Hebreos 11:10). 
Oh, usemos esta corta vida para prepararnos para la eternidad–la vida que está por venir. ¿Podemos nosotros, como el Señor Jesucristo, decir: “no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”?
Nuestro Señor manda: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1ª Juan 2:15-17). Vivamos cada día para la eternidad.

Por Mónica Rohrer