jueves, 13 de marzo de 2014

El cuento de los dos príncipes


(Analogía para explicar el modelo del rescate)



Nota del traductor: Dado que la mente renovada piensa por medio de parábolas y porque esta narración es muy sencilla (es un cuento de niños), no daré la interpretación, así que el que lea, entienda.

“Hubo una vez un rey muy bondadoso que fundó una comunidad dentro de una isla muy bella donde la flora y la fauna eran hermosas y además podían servir de provisión para toda la ciudad. Él amaba a todos sus súbditos y deseaba que todos fueran muy felices. Les construyó casas, granjas, lugares donde trabajar, lugares de veraneo, y un muelle. Los instruyó en varios oficios y les dio abundantes regalos. También les dio leyes y estatutos acerca de cómo debían vivir para poder agradarlo, para poder ser muy felices y para llevarse bien. Los súbditos, a su vez, amaban al rey también y estaban muy agradecidos con él. Le construyeron una estatua y siempre lo honraban. El rey tuvo que marcharse a su país de origen, con la promesa de volver algún día. Cada año se llenaba un gran buque con regalos como frutas, verduras, pan, carne, vestiduras, monedas, y todo lo que la gente quería y podía dar, el cual era enviado al rey como muestra del honor y el aprecio que le tenían.

Un día, mientras el gobernador andaba por el bosque, escuchó una voz que parecía venir del mismo suelo. Era una voz que le susurraba. El gobernador se acercó para poder hablar con la persona, pero la persona nunca se mostró. Simplemente habló. A pesar de ello, el gobernador efectivamente conversó con dicha voz, ya que dicha voz afirmó ser el hijo del rey y el príncipe heredero. La voz le sugirió que, dado que el rey no estaba presente entre ellos, ya no era tan necesario que lo honraran al rey ni a su estatua, y que ya no le enviaran tantos regalos, porque quizás muchas de esas provisiones que eran destinadas para el rey, ellos las necesitarían en tiempos de escasez. El gobernador no dijo nada al respecto, pero se quedó pensando en lo que le dijo el príncipe.

Esa misma noche el barco se estaba cargando de todos los regalos para el rey, cuando de manera furtiva y oculta, el gobernador tomó varios sacos de avellanas del barco y ordenó a sus sirvientes que lo llevaran a su almacén personal. Pero algunas personas lograron verlo. El chisme de lo que el gobernador había hecho comenzó a cundir por toda la isla. Todos razonaron que si el mismo gobernador había actuado así, entonces ellos también tenían el derecho de hurtar algunos de los dones del rey para sí mismos, lo cual inmediatamente comenzaron a hacer. En el proceso de hacer eso, puesto que varios deseaban las mismas cosas, comenzaron a pelearse verbalmente. Pronto surgieron los golpes, las amenazas, el caos… hasta que tanto el buque como la estatua del rey se hundieron en el mar y toda la isla se llenó de violencia, rapiña, engaños, estafas, odios, peleas e inmoralidad.

El gobernador entonces procedió a consultar a la voz del bosque. La voz lo culpó por lo sucedido, le dijo que el rey regresaría pronto y los castigaría duramente a todos, pero que él sabía cómo podían salvarse. Le indicó que detrás de un árbol había un pasadizo secreto que daba a una gran cueva en la cual podían entrar y esa cueva daba a una salida por donde podrían huir de la ira del rey. El gobernador, sin pensarlo dos veces, le informó a todo el pueblo sobre dicho medio de salvación y el pueblo acordó tomarlo. La voz los guió dentro de la cueva. Después de horas y horas largas de ir caminando por la cueva, cuando ya todos los niños estaban llorando y los adultos estaban sofocaos, el pueblo decidió regresar por donde habían entrado, pero la voz se les mostró tal cual era: un príncipe malvado y suplantador, y les cerró toda escapatoria. Les dijo que ahora se divertiría con ellos y jamás podrían salir de allí. Mientras, el príncipe suplantador desapareció.

El pueblo se quedó allí en absoluta desesperación y sin saber qué hacer hasta que de pronto alguien vio una luz que apenas si se colaba por la cueva. Entonces alcanzaron a oír ruidos como de una fiera pelea cuerpo a cuerpo y tiempo después vieron entrar a un noble y bondadoso príncipe que se veía herido por la pelea. Él se presentó como el legítimo hijo del rey, les informó que su padre el rey los perdonaba por todo lo malo que habían hecho, por pura misericordia real, y les explicó que había peleado contra el príncipe usurpador y lo había vencido, por lo que ahora podían ser libres de la cueva, de los engaños del usurpador, y podrían volver a servir al rey y a ser felices.

Luego les indicó que él también tendría que irse al país de su padre, pero que algún día volvería por ellos para llevarlos a un nuevo reino hermoso que su padre estaba edificando. Mientras, les dejó un faro para alumbrarse y para poder ver cuando él viniera otra vez. Así, los habitantes de la isla volvieron a obedecer al rey y a ser felices. Y cada día, al amanecer, se despiertan y se dirigen a la orilla de la isla… porque sólo esperan el momento cuando su príncipe venga por ellos de nuevo.”

Eckart Zur Nieden. Tale of Two Princes Hardcover. 1993.

Traducción por Josué Moreno




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