viernes, 8 de marzo de 2013

El filósofo de este mundo y el Cristiano



“¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? ” (1 Corintios 1:20)

El discípulo de Grecia y el de otro Reino 

El origen de la filosofía radica en la antigua Grecia; la cultura griega se caracterizó por lo siguiente: “El término Antigua Grecia se refiere al periodo de la historia de Grecia que abarca desde la Edad Oscura de Grecia 1200 a. C. y la invasión dórica, hasta el año 750 a. C. y la conquista romana de Grecia tras la batalla de Corinto. Se considera generalmente como la cultura seminal que sirvió de base a la civilización occidental. La cultura de Grecia tuvo una poderosa influencia sobre el Imperio romano, el cual la difundió a través de muchos de sus territorios de Europa. La civilización de los antiguos griegos ha sido enormemente influyente para la lengua, la política, los sistemas educativos, la filosofía, la ciencia y las artes, dando origen a la corriente renacentista de los siglos XV y XVI en Europa Occidental, y resurgiendo también durante los movimientos neoclásicos de los siglos XVIII y XIX en Europa y América.

Las principales características de la filosofía griega son las siguientes: 

Crítica: la filosofía es un saber crítico, que pone en duda ciertas cosas que no le parecen suficientemente claras o bien explicadas. 

Certidumbre Radical: los filósofos no se conforman con cualquier clase de respuesta. 

Fundamentadora: el filósofo desea saber en qué se basan todos nuestros conocimientos. Nos hace reflexionar sobre los fundamentos en los que se asientan nuestros conceptos, conocimientos y creencias. Para ello, realiza una exhaustiva revisión de los fundamentos, conocidos también como ‘principios’.* 

En contraste con la cultura y filosofía griega, el Cristianismo tiene su fundamento en las sencillas enseñanzas de Jesucristo, basadas esencialmente en morir a los deseos de este mundo e incluso a uno mismo, con el fin de pertenecer a un Reino distinto a los terrenales, un Reino con leyes revolucionarias que Dios estableció hace más de dos mil años atrás. Antes de este tiempo el mundo se había corrompido a tal grado que el mal se adueñó casi por completo de sus habitantes. 

Dios creó al hombre con un propósito, “servir al Creador”, pero pronto el ser humano decidió tomar el mal camino y vivir en contra de la Voluntad del Señor. Con el paso del tiempo la maldad se apoderó de este mundo y de cada alma existente en él. 

Para poder cambiar la realidad en la que se vivía, Dios se encarnó en hombre (Jesús) y vino a este mundo a vencer al pecado, demostrando que es posible vivir en renuncia a todo deseo mundano y a toda posesión material existente. “Él vino a vencer al mundo” (Juan 16:33), *véase también Lucas 9:58 (Jesús no tenía posesiones) y Mateo 6:25:34 (Jesús enseñó la forma de vida desligada del afán). 

Cuando Cristo padeció, el rey de este mundo (satanás) no tuvo poder sobre nuestro Redentor y Maestro, porque en su caminar por el mundo venció al mal y a sus tentaciones cada día, un ejemplo claro lo vemos en Lucas 4:5-7, este fue el ejemplo que les dejo Jesús a sus discípulos, “morir a cualquier tentación que pueda existir en este mundo”. *Ver también: 1 Pedro 2:21, 1 Pedro 1:15 y Mateo 5:48. 


El tratante de la fama y el embajador de la Vida Eterna 

El ser humano por naturaleza es egoísta, y conforme pasa el tiempo es propenso a corromperse con los placeres que ofrece este mundo, sus pensamientos nos son inmunes a esto, más aun, estos pensamientos son las raíz de ideas enfocadas en el yo-ismo, en vivir placentera y cómodamente, y sobre todo en darse a conocer. El hombre quiere trascender, mostrarse, ser reconocido, busca fama, la búsqueda de esa fama provoca que se olvide del amor al prójimo, de ser humilde, bondadoso. Sólo está interesado en que las demás personas le reconozcan cada acción, en que le aplaudan, y le adulen, no piensa en otra cosa que en obtener riqueza y prosperidad material. La filosofía mundana termina en esto y muy pocos entienden dicho término (el de la filosofía) como: “Aquella que prepara el camino para la enseñanza que es verdaderamente real en el mejor sentido de la palabra, pues hace al hombre capaz de dominarse, moldea su carácter y lo predispone para la aceptación de la verdad” (Clemente de Alejandría – 195 d.C.). 

Los discípulos de Jesús han decidido seguir a su único Maestro y no pertenecer a este mundo ni rendirse a ningún deseo carnal existente aquí, para ellos, este mundo y lo que hay en él, “está muerto”, no buscan una vida cómoda llena de placeres, han dejado de ser esclavos de sus propios deseos, se retiran de las distracciones mundanas, nada desean, nada anhelan de esta tierra, no aprecian sus vidas en este mundo (en el que todo tiende a perecer) y no tienen miedo a sepárese de la corriente de este sistema y comenzar a caminar en contra de esa corriente. Buscan “ser libres de las trampas de este mundo engañador, ser limpios de la hez de la tierra, estar preparados para la luz de la inmortalidad eterna” (Cipriano - 250 d.C.). 

El camino de la filosofía de este mundo es el que lleva a la destrucción, Lactancio 304-313 d.C. escribió lo siguiente: “Este camino parece plano y espacioso, lleno de los deleites de las flores y los frutos. Satanás coloca todas estas cosas en el camino, las cosas estimadas como buenas en este mundo: la riqueza, la honra, la diversión, el placer, y todas las demás seducciones. Pero escondidos entre estas cosas vemos también la injusticia, la crueldad, el orgullo, la lascivia, las contenciones, la ignorancia, las mentiras, la necedad y otros vicios. El fin de este camino es lo siguiente: Cuando hayan avanzado tanto que no pueden volver, el camino se desaparece junto con todos sus deleites. Esto sucede sin advertencia de manera que nadie puede prever el engaño del camino antes de caer en el abismo. Por contraste, el camino al cielo parece muy dificultoso y montañoso, lleno de espinos y cubierto de piedras dentadas. Por eso, todos los que andan en él tienen que usar mucho cuidado para guardarse de no caer. En este camino Dios ha colocado la justicia, la abnegación, la paciencia, la fe, la pureza, el dominio propio, la paz, el conocimiento, la verdad, la sabiduría, y otras virtudes más. Pero estas virtudes van acompañadas de la pobreza, la humildad, los trabajos, los sufrimientos y muchas penas y pruebas.” 

Los primeros cristianos entendieron que “Si eres superior a las pasiones, despreciarás todas las cosas terrenales” (Taciano – 160 d.C) y que “La mejor riqueza es la pobreza de deseo y el verdadero orgullo no consiste en vanagloriarse de las riquezas, sino en despreciarlas” (Clemente de Alejandría – 195 d.C.). *Véase también: Proverbios 30:8-9, 1 Timoteo 6:7-10, Hebreos 13:5, Lucas 18:22, Mateo 6:19-21 y 13:22. 

El que trabaja con palabras y el que trabaja con los hechos 


Los sofistas son el claro ejemplo del hombre envanecido en conocimiento, los intelectuales llenan sus mentes de conceptos y definiciones que de vez en cuando citan en alguna situación que lo amerite. Su vida está basada en la crítica y no en la acción, en la teoría más no en la práctica, se consideran conocedores de todo pero carecen de praxis. 

La vida del cristiano se basa en poner en práctica las sencillas enseñanzas de Jesús, viviendo en un estándar más elevado (*Léase “El Sermón del Monte”, Mateo 5,6 y 7); poner en obra todas estas enseñanzas es la esencia de aquel que ha puesto su “Fe” en el Señor y en lugar de tan sólo poseer principios teológicos y dogmáticos, lo que aprende de su Maestro lo lleva a la práctica en todos los aspectos de su vida en este mundo. 

Minucio Félix dijo: “No decimos grandes cosas, las vivimos” y es que cuál es el mérito en hablar o decir tantas cosas, en saber o conocer tanto, pero no vivir nada de lo que se dice o conoce y no poner en práctica nada de lo que se habla y se sabe. 

El que destruye la inocencia de la vida y el que la labra 

En esta vida sólo hay una etapa en la que el ser humano vive en inocencia, “la niñez” es la parte en la que el hombre vive totalmente desligado de las cosas de este mundo, la preocupación y la ambición por las cosas materiales son los aspectos más notorios de los que el niño está separado. 

La filosofía de este mundo provoca que con el paso de los años, las personas se envuelvan cada vez más en el sistema que este mundo ha preparado para cada uno de sus habitantes. Ser parte del sistema es vivir esclavizado a la filosofía de vida basada en el consumo de bienes materiales, la mayoría viven controlados por dicho sistema y sin darse cuenta pasaron a ser un engranaje más del mismo. 

Ser libre de las preocupaciones de este sistema es despojarse de todo aspecto material que ponga lazo al hombre, en 1ra de Timoteo 6:9 está escrito: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” 

El cristiano vive como extranjero y peregrino en este mundo (1 Pedro 2:11) sin la necesidad de adquirir posesiones, sino sólo lo necesario. Al respecto Hermas – 150 d.C. expuso el siguiente fundamento: “Los siervos de Dios están viviendo en un país extranjero (el mundo) su ciudad (el cielo) está muy lejos de aquí” por lo cual continua haciendo las siguientes preguntas reflexivas: “¿Por qué adquirir campos aquí y hacer costosos preparativos? A caso ¿no hay intención en regresar a su propia ciudad?, ¿no ven que estas cosas (los bienes materiales) son extrañas, y están bajo el poder de otro?, ¿por amor a sus campos y posesiones rechazarán la ciudad a la que pertenecen?, vigilen pues, como residentes en una tierra extraña, no preparar más para ustedes, como no sea lo estrictamente necesario y suficiente” 


El amigo de la injusticia y el enemigo de la falsedad 

Los hombres se han convertido en amigos del engaño, de la mentira y de todo lo que lleva al error; la búsqueda desinteresada de la verdad es un mito para el ser humano, éste siempre está buscando obtener algo a cambio por lo que hace, las personas que perdieron la inocencia viven pensando en la manera de asegurar su futuro. Analizando las distintas escuelas filosóficas del pensamiento humano, todas tienen en común “la búsqueda de la verdad” ese es uno de los objetos de la filosofía de este mundo, se la han pasado buscando la verdad por un camino equivocado y así quieren seguir viviendo. No existe ninguna corriente filosófica terrenal que hable de conocer la verdad, sólo tratan de buscarla (incluso se ha dicho que la verdad nunca la encontraremos), pero, ¿Cuál es el objetivo de vivir en búsqueda de la verdad y no encontrarla o vivir en ella?, es notable que se trata de una vida en la que cada vez se obtiene más y más conocimiento, el hombre necesita y ambiciona saber cada vez más, parece ser que prefiere vivir de esa forma y realmente no está interesado en encontrar la verdad, pero ¿Por qué parece que al hombre no le conviene saber la verdad?, la respuesta radica en que “ésta” iría en contra de su ambición, de su propia voluntad desapegada a Dios y por lo tanto no está dispuesto a acatarla. Todos saben que la verdad existe pero pocos quieren escucharla y conocerla, pocos se quieren sujetar a esa Real Verdad. Preferible es para el hombre seguir su propio camino de error. 

El cristiano está en contra de la mentira y del error, considera que la inclinación de hablar mentiras es propio de los que desean lucrar y obtener beneficios a costa de engañar a los demás, “no es llevado por un amor insaciable de sabiduría, no compite por ser el mejor, , está libre de una sed excesiva por la fama, no se rinde a los placeres vanos, su alma no es consumida por la pesadumbre, no se jacta de ser quien es, muere al mundo repudiando la locura que hay en él y vive para Dios” (Taciano – 160 d.C.) 

El siervo del Señor encuentra y reconoce la Verdad que lo lleva a la auténtica libertad, que Dios por medio de su Hijo unigénito ha prometido en su Palabra, “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32). El discípulo de Cristo rechaza la mentira para encontrarse con la Verdad, acatarla y vivir “libre del engaño de este siglo corrupto” 

El que cercena la verdad y el que la conserva entera 

Cercenar la verdad es tomar únicamente lo que nos conviene de la misma, lo que concuerda con nuestra manera de pensar, lo que se acopla a nuestra vida; sin tomar en cuenta lo que no nos conviene, lo que contradice nuestro pensamiento, y lo que no encaja con nuestra manera de vivir. 

En el camino que el hombre ha decidido tomar no hay necesidad de encontrar la verdad sino sólo de buscarla. Pero esta es una estrategia utilizada para justificar su error, porque la verdad está al alcance de todos, pero hay una condición que pocos quieren respetar. Un aspecto a resaltar es el despojo material, que incluye las comodidades y los placeres que otorga el dinero, es muy raro que alguien quiera doblegarse ante esto. Otro aspecto muy importante es la obediencia; el hombre por naturaleza tiende a rechazar la reglas o mandatos establecidos por una autoridad, pocos pretenden someterse ante esto, el ser humano no quiere ser guiado, quiere tomar la batuta estableciendo por si mismo su propio código de valores, decidiendo qué es lo bueno o lo malo, sin necesidad de dar cuentas a nadie, autogobernándose, pretendiendo andar con sus propias fuerzas. 

Los verdaderos Cristianos son piadosos, honran y aman únicamente la Verdad, desechando opiniones que se desvían de una vida en obediencia, no siguen a los que injustamente enseñan, y por encima de su propia alma y aunque la muerte le amenace, está siempre decidido a decir la verdad y practicar las justicia (paráfrasis de Justino Mártir – 160 d.C. *Véase también el término “Filosofía” en el Diccionario de la Iglesia Primitiva pág. 103, en donde Justino explica cómo fue pasando por diversas escuelas filosóficas en busca de la sabiduría, pero ninguna le satisfizo) 

El hombre toma la verdad y la distorsiona para engañar a los demás y el cristiano lucha a diario por defender esa verdad y mantenerla pura. “Así que, teniendo tal esperanza, usa de mucha franqueza” (2 corintios 3:12) y en lugar de rendirse a la mentira o a la verdad a medias, “Antes bien renuncia a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándose a toda conciencia humana delante de Dios.”(2 corintios 4:2) 

Para concluir, se citan las siguientes preguntas plasmada a manera retorica por Tertuliano – 197 d.C. “¿Qué semejanza tienen el filósofo y el cristiano? ¿El discípulo de Grecia y el del cielo? ¿El tratante de la fama, y el negociador de la vida eterna? ¿El que trabaja con los dichos, y el que trabaja con los hechos? ¿El que destruye la inocencia de la vida y el que la edifica? ¿El amigo del error y el enemigo de la mentira? ¿El que cercena la verdad y el que la conserva entera? ¿El que la hurta para violarla, y el que la defiende pura?” eso por supuesto lo dejamos a su criterio. 

Escrito por Pedro Santos



Referencias:

*Diccionario de la Iglesia Primitiva

* (http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20111106144619AAFuitx) 

* (http://www.saberia.com/2010/11/cuales-son-las-caracteristicas-de-la-filosofia/)