sábado, 22 de junio de 2013

Tomando la siesta con Jesús


Los niños citaron el Salmo 2: 4: “El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos.” Para aquellos que rechazan al Señor, no hay nada sino sólo burla y confusión. Nada les queda, sino sólo tinieblas, y el Señor se reirá de ellos. Cuando alguien le da la espalda a la luz gloriosa de Nuestro Señor, no le queda nada sino oscuridad, confusión, tinieblas, condenación, y juicios justos de parte de Dios. Esta clase de pensamiento “falta” actualmente en el mundo, y creo que en parte esa es la razón de por qué ya no hay temor de Dios en este mundo ni en esta nación, y por qué todo mundo quiere que Dios sea su amigo, pero sin compromiso y sin respetarlo, sin saber que Él es un Dios que nos juzgará. En la misma lección de los niños, vimos cómo hubo unos muchachos que se burlaron de un hombre de Dios y luego fueron devorados por osos, simplemente por haberse burlado de un varón de Dios (2º Reyes 2). En una ocasión que estábamos predicando, vino un hombre y nos hizo una escena, empezó a burlarse y a blasfemar, cuando de repente detrás de él aparece un hombre grande diciéndole: “¿Te estás burlando? ¿Qué no sabes lo que le pasó a la gente en el Antiguo Testamento cuando se burlaron de un profeta?” Y el burlador contestó: “Pues he oído que un oso los devoró, pero no veo osos por aquí.” Y entonces el otro hombre replicó: “Pues yo soy el oso.” Entonces el burlón inmediatamente se fue. Era un oso un poco diferente el que se le presentó, pero lo hizo cambiar de opinión de todas formas.

Bueno, esta mañana vamos a Marcos 4:35-41.

“Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas.
Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.
Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?
Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.
Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?
Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?”

¿Cuántas veces en el Antiguo Testamento leemos acerca de los hijos de Israel, de cómo ellos veían las maravillosas hazañas y milagros portentosos que Dios hacía con ellos y por ellos, y los libraba una y otra vez de sus enemigos, y aún así ellos volvían a ser incrédulos y a desobedecer a Dios, y al estar otra vez en problemas se preguntaban por qué Dios los había abandonado y se quejaban lastimosamente? Y entonces Dios una vez más los libraba poderosamente, cuando alguien se levantaba decidiendo creer a Dios otra vez. Una y otra vez leemos eso, y pensamos: “¡Qué necios e incrédulos eran las personas de ese pueblo!” Pero a veces vemos que Dios se encuentra con nosotros no sólo en los buenos momentos, sino en los momentos de dificultad, para mostrar Su gloria.

Y a veces parece que fuera el Dios de los problemas. La razón por la que parece así es porque vivimos en un mundo lleno de tinieblas y este mundo odia a Dios y a todo lo que tenga que ver con Él. Aman las tinieblas, mientras que Dios es Luz. Así que donde sea que Dios haga una manifestación de Su Luz, eso causará problemas con este mundo. Te causará problemas con tu familia, con tu casa, con las personas con las que te relaciones, e incluso con las iglesias. Grábate eso, si vas a vivir por fe, vas a tener problemas. Tu vida no va a lucir como la vida cristiana modelo que has imaginado en tu mente, ni tu iglesia va a lucir como la iglesia modelo que has visto en tu mente. Si eso es lo que quieres, huye de la verdadera fe tan pronto como puedas, porque si sigues a Cristo, no obtendrás lo que has soñado. Sé que esto no suena bonito, pero no se trata de lo bonito, se trata de tener fe en un Dios Vivo, Verdadero y Santo que envió a Su Único Hijo a derramar Luz sobre este mundo lleno de tinieblas, para manifestar Su gloria, y por esa causa el mundo le mató. Para el mundo, Jesús era un fracaso, un perdedor. No logró nada en este mundo. No obtuvo ningún título universitario, no escribió ningún libro, no ganó ninguna competencia deportiva o artística, no fundó un gran negocio, y ni siquiera edificó una mega iglesia. Simplemente anduvo enseñando y dando ejemplo hasta reunir a un pequeño rebaño de gente humilde, de seguidores heterogéneos y desarrapados que lo imitaron y que también fueron perseguidos, aunque ellos mismos lo abandonaron en Su momento de mayor necesidad. Y luego fue matado en una cruz.

Luego en el Libro de los Hebreos 13:13 se nos exhorta a seguirlo: “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;” 

Él nunca encajó con los patrones del mundo, ni siquiera murió dentro del campamento. Lo sacaron y lo crucificaron entre dos ladrones, burlándose de Él, poniéndole una corona de espinas en la cabeza, golpeándole con una caña y pidiéndole que profetizara. Lo vistieron con ropas espléndidas a fin de burlarse de Él. Le escupían la cara, lo golpeaban y lo azotaron inmisericordemente. Luego, mientras estaba ya en la cruz, lo desafiaban a que bajara de ella, le pedían que les demostrara Su poder y que Él era el Mesías. Pero Él sufrió la cruz.
Esa es la estampa o marca de los hombres de Dios: los problemas y el reproche en este mundo. Recuerdo a aquellos exorcistas ambulantes que deseaban echar fuera a unos demonios. Quisieron expulsar a unos demonios de un hombre e intentaron hacerlo esa vez en el nombre de Jesús, el que predica Pablo. El demonio les contestó: “A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois?” Mira, el diablo sabe quiénes son sus enemigos. Si el diablo no tiene tu información, quizás es porque eres uno de los suyos, uno de sus don nadies. Si eres de los suyos, no te atormentará tanto, quizás te esclavice y se divierta contigo, pero no le preocuparás mucho, porque no le causas ningún daño. Pero si eres del equipo de Dios, él se interesará en ti y te estará visitando de vez en cuando. Así que mejor no planees mucho acerca de cómo vas a lucir siendo cristiano ante los demás. Cuando “Cristiano” (Cristo) vino al mundo, el mundo no lo reconoció como tal, sino que más bien lo mató. Todos esperaban al Cristo, y esperaban que llegara, pero cuando estaba frente a sus narices, no lo reconocieron y más bien se burlaron. Esa es una de las cosas más tristes que tendrás que enfrentar: que si vas a ser cristiano de verdad, la mayoría no reconocerá a Cristo en ti, porque entre más te parezcas a Él, más extraño serás para ellos, y no encajarás con sus ideas de lo que deberías ser. Y si no cumples con sus expectativas, puede ser que hasta te coman vivo, mientras que si haces un montón de cosas maravillosas, no querrán reconocerlo. No podrás agradar a este mundo. No podrás agradar al diablo.

En el pesaje de Marcos que acabamos de leer, vemos que los discípulos estaban con Jesús, ¿y en dónde estaba la barca en que iban con Él?

“Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.”

Me pregunto por qué en los pasajes que se menciona a Jesús estando en el mar, generalmente había una tormenta. Y leemos de los seguidores de Dios, y vemos tormentas y fuegos. Recuerdo que me crié junto con un conocido, y juntos íbamos a la iglesia y todo. Cuando crecimos y llegamos a cierta edad, yo decidí seguir a Cristo, y él simplemente decidió seguir congregándose. En mi vida las cosas empezaron a caerse y a derrumbarse por causa de mi decisión, y un día él me empezó a hacer algunas preguntas serias acerca de seguir a Cristo. En aquel tiempo íbamos a la casa de otro varón para leer la Biblia y orar (en ese momento yo deseaba que alguien me instruyera sobre cómo seguir a Cristo). Con ese otro varón teníamos algo de confianza y nos reuníamos cada semana en su casa. Una vez había cuatro de nosotros reunidos allí y el hombre de la casa compartió sobre Daniel 12, donde habla de cómo los justos resplandecerán como estrellas en los cielos para siempre. Él preguntó: “¿Quiénes de ustedes quieren brillar para el Señor por siempre?” Yo levanté la mano, y luego volteé a ver a mi amigo de la niñez, y vi que no había levantado su mano. Eso me dejó pensativo, así que tiempo después le pregunté por qué no había levantado la mano. Entonces él me dijo: “Lo que pasa es que la verdad yo sé en qué clase de problemas me metería si en verdad me entrego a Cristo, sé lo que pasaría con mi esposa, con mis hijos, con mis padres y familia, sé que mi vida se metería en grandes complicaciones.” Él era un hombre muy honesto. Actualmente es prácticamente millonario. Tiene una familia muy bonita en todos los sentidos. Mucha gente lo aprecia y lo admira. Rara vez tiene problemas. Vive una vida muy moral y limpia. Muchas veces me cuenta de cómo la gente va y le habla acerca de cuán insensato he sido y en qué clases de problemas me he metido por andar en un camino tan angosto.

Si vas a seguir al Señor, va a haber tormentas en tu vida, no serás el hombre modelo, ni tendrás la familia modelo. Te quedarás feliz y cómodo si no quieres seguirlo, pero entonces no brillarás como estrella para el Señor en la eternidad.

Es una bendición lo que dice el Señor, que el que haya dejado esposa, hijos, padre, madre, tierras, etcétera, recibirá cien veces más, con persecuciones, y en el siglo venidero, la vida eterna. Recibirás hijos espirituales, madres espirituales, casas donde te reciban, pero todo vendrá con persecuciones y tribulaciones. Así tiene que ser.
Si buscabas algo perfecto, espero que no te sientas a gusto con nosotros y que mejor te vayas.

“¿Cómo no tenéis fe?” En este mundo, tendremos aflicción, y vendrá la espada a dividir, pero podemos confiar en Dios.

“Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.
Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?
Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.
Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?
Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?”

¡La barca se estaba llenando de agua! ¡La barca se estaba hundiendo! ¡Iban a perecer! ¡La tormenta arreciaba! Y el Maestro, el Señor, está durmiendo, estaba tomando una siesta, lleno de reposo y de paz.  Entonces le hablan: “¡Maestro! ¡El bote se hunde! Deberías ayudarnos a ver cómo reparar el daño o cómo expulsar agua. O si no vas a ayudarnos, al menos deberías estar corriendo lleno de pánico.” Entonces Él simplemente se levanta con toda tranquilidad, reprende al mar y al viento y dice al mar: Calla, enmudece, cálmate. ¿Saben? Estoy seguro de que aún si no lo hubieran despertado, todavía hubieran llegado sanos y salvos a su destino, porque ni toda el agua del mar, ni todo el viento de la atmósfera hundirían el barco, por la simple, llana, única y sencilla razón de que el Hijo de Dios iba en esa barca. “Y así la barquilla donde va el Señor, hundirse no puede en el mar traidor.” Ni el mundo, ni las tormentas, ni los demonios, ni el mismo diablo, podrán jamás vencer al Rey de Gloria y Señor de Señores. Sería una bendición si en esta narración, alguno de los discípulos, en vez de despertar a Jesús, hubiera ido a acostarse junto a Jesús y tomar una siesta junto a Él, dejando que la barca se azotara con ímpetu, pero confiado de que, porque va el Señor con él, nada va a pasar.

Que los pueblos hablen cosas vanas. Que los burladores se rían. Que la gente diga lo que quiera. Que los incrédulos duden. Que los que no tienen fe se pregunten qué está pasando. Pero la tormenta es parte normal de seguir a Cristo. No te preocupes. Él va contigo. Y si tú confianza está en cualquier otra cosa, entonces no estás creyendo a Dios.

¿Qué les dijo el Señor?
“¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”
¡Gloria a Dios! Nuestra fe no está en la seguridad terrenal, está en Dios, y en el mundo tenderemos aflicción, sobre todo ahora que el fin se acerca, pero podemos confiar en Dios. Quizás no le parezcamos muy bonitos al mundo, quizás a veces nuestra fe sea un poco sacudida. Pero tú confía y deja de tratar de impresionar al mundo o a quien sea. Súbete a la barca con el Señor. Aunque haya tormentas que enfrentar, yo quiero brillar. El mundo crucificó a mi Rey. Se rieron de Él. No importa lo que el mundo y Satanás hagan. “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;”

Hebreos 11:
V. 35: “Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.” Otros fueron torturados, sin ni siquiera aceptar el rescate o la liberación. No, gracias, me voy a subir a la barca y voy a acostarme junto a Jesús. No voy a aceptar la liberación que me ofreces de la tormenta. Porque preferían estar tomando la siesta con Jesús.

Vs. 36-37: “Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.  Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;”

Aquí está tu Iglesia Cristiana. ¿Por qué no la reconoces? Tal vez porque tienes la idea de una iglesia perfecta en un ambiente perfecto, en un lugar perfecto.

Las descripciones anteriores no lucen como que fueran muy estables. Tampoco lucen como las iglesias modelo que muchos han pensado. Bueno, pues prefiero tener la aprobación de Dios. Prefiero a Cristo. Prefiero sufrir con Él que ser el dueño de un gran imperio.

Vs. 38-40: “de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.”

Quizás nosotros no tengamos que enfrentar lo mismo que ellos en el párrafo anterior, pero si vas a seguir al mundo, tu vida va a oler a algo así. Salgamos pues con Jesús mejor, fuera del campamento, y suframos la misma deshonra que Él sufrió. Vayamos, entreguémonos, firmemos el contrato. Tus hijos no son tuyos. Son de Dios. Entrégaselos de una vez. Tu iglesia no es de Dios. Entrégala de una vez. Tú mismo eres de Dios, y si Él quiere someterte a algún tipo de tormenta para que brilles más en el cielo, que así sea. Que Dios bendiga Su Palabra.

Por David Keeling, traducido por Olen Yutzy y transcrito por Josué Moreno