sábado, 6 de julio de 2013

Obediencia



Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; (Hebreos 5:9)

La obediencia es uno de los temas fundamentales en la vida cristiana, después de haber tomado la decisión de seguir a Cristo, tenemos que continuar por este camino en obediencia absoluta a Sus mandatos. En Levítico 20:7-8 dice nuestro Señor: “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Jehová que os santifico”. Nuestro Padre celestial nos exhorta a guardar Sus mandamientos y ponerlos en práctica. Hay mandatos que tal vez no entendemos por el momento, que tal vez son confusos, pero cuando tenemos claridad acerca de alguno de Sus estatutos, es momento de obedecer, incluso cuando hay cosas que nos cuestan trabajo entender, lo mejor es que nos sometamos a eso, no es necesario vivir para tratar de entender qué quieren decir Sus sabias Palabras, es mejor un amor de obediencia que sobrepase el entendimiento, confiando plenamente que Dios “guardará en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Él persevera, porque en Él ha confiado” (leer Isaías 26:3). Ningún mandato del Señor es para mal, todo propósito del Creador es para bien.

¿Quiénes son lo que le obedecen?

A continuación analizaremos algunos versículos de la Biblia, que nos ayudarán a comprender qué es la obediencia, así mismo, reflexionaremos acerca de lo que el Señor Jesús dijo acerca de esto:
Mateo 7:21“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”
Al no creyente no se le obliga a tomar la decisión de servir a Dios, cada uno decide obedecerle o no. El que hace la voluntad de Dios, es el que le obedece y esa obediencia no es condicional; ahora bien, la obediencia no es decirle “Señor”, sino como analizamos en el versículo de Mateo, es hacer Su Voluntad, no hay ninguna excepción, es en todo lo que Él manda. Aquel que hace lo que le manda su Señor entrará en el Reino Celestial, por el contrario el que sólo le dice Señor (con palabras) pero no lo hace el Señor de su vida (con hechos), no tendrá cabida en aquella ciudad eterna. “Los que profesan ser cristianos pero viven de una manera contraria a los que saben que enseña la Biblia están burlándose de Dios; están mostrando que no creen que Él quiere decir exactamente lo que dice”. (Landis, Pablo M.)

Lucas 6:46-49“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar su casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el rio dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Más el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el rio dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa”.

Parece que este pasaje es continuación del que vimos anteriormente en Mateo, el Señor Jesús pregunta: “¿Por qué me dices Señor si no haces lo que te mando?”, “¿Por qué dices que crees en mí, si no me obedeces?”. Después de hacer esta pregunta,  viene un comparativo con respecto a los que creen en Él (los que hacen Su voluntad) y los que no creen (los que no la hacen). Jesús nos enseña que aquel que no le obedece no tendrá bases firmes para avanzar en contra de la corriente de este mundo y grande será su ruina. Sin embargo aquel que decide acatar los estatutos de su Señor, obtendrá la firmeza necesaria para mantenerse en el camino del bien, en la senda angosta que lleva  la vida (ver mateo 7:14).

Por qué me dices Señor

Aquellos que oyen Su Palabra y no la hacen son los que en aquel día le dirán “Señor, Señor”, son a los que Jesús les cuestiona el por qué le dicen Señor si no hacen lo que Él les dice. ¿Porque decirle Señor, si no es el Señor de nuestra vida?, bueno, muchos sólo utilizan el nombre de Dios para beneficiarse, creando iglesias que predican un evangelio ligero, blando, y fácil, fingen un ministerio para engañar a las personas, distorsionan la Palabra y la convierten en un negocio rentable “Dios tenga misericordia”; Muchas de estas personas como consecuencia de su desobediencia han creado falsas doctrinas, mandatos inventados por hombres, algunos son los siguientes:

- Acepta a Cristo en tu corazón: Como si Jesús mendigara el amor de las personas. Es al contrario, somos más bien nosotros los que tenemos que esforzarnos para que Él nos acepte, es Cristo quien nos llama a seguirle, en ningún lugar de la Escritura vemos que Jesús pida entrar en el corazón de alguien, Él les decía siempre, “síganme”.

- No es importante la obediencia, puede seguir pecando porque nadie es perfecto: Cuan insensato es predicar este tipo de “doctrinas de derrota” que no ayudan en nada a las personas sino a perderse, confunden lo que es la perfección para Dios; La perfección es andar en la luz que tenemos, poniendo en práctica lo que sabemos de Su Palabra, y no se refiere al término mundano en donde no cometes ningún error ni te equivocas en nada. Si Él nos dice “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. (Mateo 5:48), ¿Acaso lo dirá porque no podemos serlo?, ¿Será que Dios pide cosas que no podemos hacer?, si es así, ¿Por qué entonces nos dejó dicho eso?, ¿Qué habrá querido decir Jesús cuando explicó que: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”? (Juan 15:3), limpios de qué; o cuando explicó que: “Conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres.” (Juan 8:32) seremos libres de qué, ¿No es del pecado acaso?

En el siguiente pasaje el Señor habla de lo que hacemos, de lo que amamos, y de cómo vivimos. “Sí seguimos haciendo lo malo, nos engañamos a nosotros mismos si estamos convencidos de que creemos en Jesucristo (porque creer en Él es obedecerle, es decir, dejar de hacer lo malo):
Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”. (Juan 3:19-21)

O vamos a la luz porque queremos hacer lo bueno, o seguimos haciendo lo malo porque detestamos la luz. Podemos declarar nuestro amor por Jesús desde ahora hasta que muramos, pero eso no significará nada”. (Bercot)*

- Dios quiere que vivas como hijo de rey: Este es uno de los engaños más grandes de este siglo corrupto, han convertido a la iglesia en un negocio, una empresa capitalista cuya materia prima es la Sagrada Escritura. Cristo enseñó que es imposible servir a Él y a las riquezas, no hay cabida en el corazón del hombre para Dios y el dinero al mismo tiempo. Además, todos sabemos que El Señor vino a predicar con el ejemplo y vemos que Él no tenía posesiones (Mateo 8:20).

- Lo que importa es el corazón: Esta frase se ha utilizado para justificar a personas que por fuera dan una clara apariencia de desobediencia, y cuando se les señala tal desorden, responden: “No te fijes en lo externo, lo que importa es lo interno, Dios ve el corazón”. Sin embargo no es así, porque aunque es cierto que lo que hay en el corazón importa mucho, no es posible que sí alguien es puro de corazón por dentro, externamente no lo refleje, es decir, nadie que tiene un corazón entregado totalmente a Dios reflejará una vida en rebelión, Cristo dijo en Lucas 6:45: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Así es que, si en nuestro corazón hay bondad, manifestaremos bondad, pero si en nuestro corazón hay maldad, eso es lo que proyectaremos. No puede haber una disparidad, el interior y el exterior deben concordar. Cuando el alma está limpia, automáticamente se reflejará en el cuerpo material.

Todas estas falsas doctrinas están convenciendo a la gente y al mismo tiempo condenándolas, todos aquellos que han creído tales “doctrinas de derrota” son a los que se refiere el profeta Isaías cuando escribió: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres”. (Marcos 7:6,7).

Los dirigentes de las iglesias en donde se predica el evangelio distorsionado y acomodado a la carne, se atreven a decir que las enseñanzas (que sabemos ellos mismos han inventado) son inspiradas por Dios, “Él me lo ha revelado”, o “tuve una experiencia” dicen a los congregantes. “Sin embargo, si no guardamos los mandamientos que el Señor nos dio en las Escrituras, no deberíamos creer que nos dará mandamientos nuevos, Jesús dijo que el que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel. No nos dará mandamientos especiales para nosotros personalmente, si ni siquiera podemos guardar los que se aplican a todos” (Bercot)*, entendiendo que en dichas iglesias no se está obedeciendo en todo, sino sólo a medias o en algunas cosas. Pablo M. Landis escribió en el libro “Una vez salvo, siempre salvo, ¿Cierto o falso?” que “cuando los hombres se rebelan contra los mandamientos claros de Dios, considerándolos sin importancia, podemos saber que la revelación sobrenatural que experimentan no es de Dios, sino de Satanás. No tenemos que vacilar en creer o declarar que esto es verdad, porque la Biblia lo dice claramente. El mensaje de Dios es la verdad, y permanece a pesar de que los hombres digan que su experiencia, revelación o su estudio les han enseñado otra cosa. La experiencia del hombre nunca puede ser una base sobre la cual decidir qué es la verdad. Desde el principio del tiempo, Dios ha rechazado tales afirmaciones. Siempre ha insistido en que el hombre acepte lo que Él dice y que rechace su propio razonamiento”.

Cómo saber que estoy obedeciendo

Hay ocasiones en las que algunos se preguntan “¿Cómo puedo saber si estoy bien con mi Señor?”, “¿Estaré obedeciéndole?”, “¿Estoy viviendo conforme a la voluntad de Dios?”. Después de tomar la decisión de seguir las enseñanzas de Cristo, viene la obediencia absoluta a Sus mandatos; pero ahora, ¿cómo sé que le estoy obedeciendo?, bueno, en el Evangelio del Apóstol Marcos hay una enseñanza que nos puede ayudar a saberlo, dice en Marcos 4:20: “Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y al ciento por uno.” Como podemos ver, el resultado de oír la Palabra y ponerla en práctica recibiéndola en nuestra alma, es dar fruto, “y dan fruto” dice nuestro Señor, es decir que, después de caminar en obediencia hay resultados, Dios le llama a esos resultados “frutos”; debe haber frutos para saber que estoy obedeciendo. ¿Pero cuál es ese fruto?, he aquí los siguientes tres ejemplos:

Mateo 3:8Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,” El verdadero arrepentimiento no es sólo dejar de pecar, sino entregar nuestra voluntad a Dios y rendir nuestro corazón a Su Voluntad. El fruto digno de arrepentimiento es aborrecer nuestra vida y darle la espalda a las cosas de este mundo, ponernos enteramente en las Preciosas Manos de Dios.

Gálatas 5:22,23“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, contra tales cosas no hay ley” Estos son los frutos que se reflejarán gracias a la obediencia, si no hay este fruto, tal vez hay algo en lo que no estamos obedeciendo y es hora de quitar dicho obstáculo del camino, o bien resignarse a la desobediencia y no seguir adelante, quedando indignos ante los ojos de Dios (Lucas 9:62).

Filipenses 1:11“llenos de fruto de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Una vida justa es la que da gloria al Señor, el fruto de caminar bajo el Señorío del Creador nos da las bases para vivir de tal manera aquí, justamente. “Cuando mostramos el fruto del Espíritu en nuestras vidas; cuando somos obedientes a Su Palabra porque amamos a Dios y a Sus mandamientos; tal vida da prueba segura de que Dios mora en nosotros”. (Landis)

Permanecer en Dios

Ahora bien, ya conocemos el fruto que viene después de comenzar a caminar en obediencia al Señor, es importante mencionar que los frutos que hemos analizado no son por lapsos, es decir, un día sí y otro día no, un día ser bondadoso y mañana no, esto no es obediencia, no hay un fruto autentico que respalde mi andar si sólo hay destellos de una vida justa. Para que el fruto no desaparezca debemos permanecer en Dios. En Juan 15:1-5 Cristo nos enseña de qué se trata la salvación, también el papel que jugamos en la misma y cómo llevar fruto. “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15.1–5)

Por si mismo nadie puede llevar fruto, separados de Él no se puede, es necesario permanecer en Jesús para poder llevarlo. Y en el mismo Evangelio de Juan, Cristo explica cómo podemos permanecer en Él para llevar ese fruto que es necesario reflejar en nuestra vida para saber que estamos obedeciendo, “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”. (Juan 15:10) Es muy claro, debemos hacer todo lo que Él nos manda, no sólo algunas cosas. Obedeciendo en todo lo que sabemos es como permanecemos en su amor y llevamos mucho fruto, porque el que le ama Su Palabra guardará (Juan 14:23). Pero si no damos fruto, el Padre nos quitará de la vid: “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15:6).

“Es importante comprender que la esencia del evangelio del reino es la relación. A decir verdad, hay doctrinas teológicas necesarias, pero la teología no es la esencia del evangelio ni tampoco la esencia del cristianismo. Cuando nos hacemos ciudadanos del reino, nosotros entramos en una relación perpetua con nuestro Rey. Pero esta relación es muy diferente al tipo de relación de la cual se habla en el evangelio moderno y fácil de hoy día. De modo que nuestra relación con Jesús no es simplemente cualquier relación, real o imaginaria. Es una relación de amor obediente. En realidad, la frase “relación de amor obediente” es redundante, porque es imposible amar a Jesús sin obedecerlo. Podemos declarar públicamente cuánto lo amamos, pero, sin obediencia, son sólo palabras huecas. Por cuanto él mismo dijo: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14.21). Así que, si no obedecemos a Jesús no lo amamos. Así de simple”. (Bercot)

Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. (Hechos 5:32)

El evangelio moderno que se ha predicado, desecha el camino de la obediencia, la iglesia institucional sólo ha visto vanidad para sus congregantes al no descubrir sus pecados, manteniéndoles de esta manera en cautiverio y engaño. (Lamentaciones 2:14) Las personas que se han sentido cómodas y satisfechas con el mensaje agradable a la carne que se les predica y que sabemos está distorsionado, llevan una vida desobediente basada en la justificación sin fundamento sólido, no creen en las palabras del Señor porque simplemente con sus hechos los niegan; No se trata sólo de creer de palabra y decirse ser cristiano profesando falsas doctrinas inventadas por el pensamiento humano, tomando de la escritura un poquito de aquí y de allá sacando de contexto los versículos bíblicos acoplándolos por conveniencia a sus vidas, tampoco se trata de tomar únicamente las promesas de Dios y rechazar Sus condiciones. Se trata más bien de “creer” entendiendo dicho  término juntamente con el concepto de “obedecer”, se trata de hacernos a Su Voluntad (TOMAR NUESTRA CRUZ), acoplándonos nosotros a Sus mandatos.

Estamos en los días de Noé y Lot (Lucas 17:26-30), la maldad crece cada vez más, la apostasía convence a multitudes de gentes y la incredulidad se extiende por el mundo multiplicándose en gran manera, el Señor está cerca y en el día del juicio ya no habrá tiempo para arrepentirse y comenzar a obedecer, por esto “Estén atentos, pues, hermanos, para que sus beneficios, que son muchos, no se vuelvan en juicio contra nosotros, si no andamos como es digno de Él, y hacemos las cosas que son buenas y agradables a su vista, de buen grado. Veamos cuán cerca está, y que ninguno de nuestros pensamientos o planes que hacemos se le escapa. Por tanto, es bueno que no nos apartemos de su voluntad”. (Clemente de Roma  30-100 d.C.)*
Por Pedro Santos
Referencias:
- Reina Valera, Santa Biblia, revisión 1960
- Bercot, David. El Reino que Trastornó el Mundo, Farmington, N.M. Publicadora Lámpara y Luz. 2003.
- Landis, Pablo M. “Una vez salvo, siempre salvo”, ¿Cierto o falso?, C. Kentucky. Editorial Vara y Cayado (Original: Road and Staff Publishers Inc.) 1991
* Escritos de los Primeros Cristianos.Diccionario de la iglesia primitiva, en: http://www.laiglesiaprimitiva.com/diccionario.html


* ¿Cómo concuerdan Santiago y Pablo? Documento transcrito de un estudio de David W. Bercot.