martes, 17 de junio de 2014

La verdadera sabiduría


El propósito de este escrito es hacer una breve comparación entre lo qué es la sabiduría y la inteligencia para Dios y el significado que el mundo le ha dado a estos dos términos. Para lograr lo anterior, vamos  analizar varios pasajes bíblicos que nos darán una clara perspectiva de lo que se pretende estudiar:

“Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio de huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:9)

Vemos en este pasaje cómo es que Dios creó la naturaleza en la que habitaría también el hombre y entre esa instauración decidió poner el árbol de la vida y el de la ciencia del bien y el mal, tal vez puso allí esos árboles porque hasta ese momento Dios tenía una relación directa con el hombre y entonces ese jardín donde Dios permitió que el hombre habitase era como el cielo eterno. Con respecto a esto dijo Dios:

“mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17)

En este pasaje, Dios está dando un mandato al hombre diciéndole “No comas de este árbol”, y también le declaró la consecuencia de no acatar ese mandato advirtiéndole que “moriría”, entendiendo el significado de morir como separarse, en este caso una separación entre Dios y el hombre.

“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alanzar la sabiduría; y tomo de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió asó como ella.” (Génesis 3:6)
Después de que la serpiente maligna (satanás) tentó a la mujer y la sedujo para desobedecer a Dios, cambió la visión de las cosas para el ser humano, eso lo llevó a revelarse contra Dios y a tomar su propio camino, rechazando la relación de amor obediente con su Creador. La sabiduría se convirtió en algo codiciable, pero la codicia no tenía cabida en la relación de Dios con el hombre, por lo tanto, cuando la visión del hombre cambio y se inclino al mal, eso le trajo una separación de Dios.

El árbol de la ciencia del bien y del mal (a los ojos del ser humano) era codiciable para alcanzar la sabiduría y el hombre en su entendimiento continua queriendo decidir él mismo lo que es el bien y lo que es el mal, creando un código de valores propio (desobediencia) y eso le ha mantenido separado de Dios. La Sagrada Escritura en el Nuevo Testamento dice:

“en quien tenemos redención por su sangre (Jesús), el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,” (Efesios 1:7,8)

En el versículo anterior vemos que existe una correlación entre la gracia – la sabiduría – y la inteligencia, dice que la gracia de Dios ha sobreabundado en toda sabiduría e inteligencia para con los que desean llevar una relación de obediencia en amor con Él. Pero antes de hablar más acerca de esto, vamos a analizar de qué manera busca la sabiduría y la inteligencia el hombre que rechaza la gracia de Dios y que por ende no tiene una relación de obediencia con Él.

El significado de la inteligencia y la sabiduría para el hombre

¿Qué es la inteligencia para el hombre?

·        Ser mejor que los demás: en la sociedad actual impera un ambiente de competencia en todo sentido, el ser humano tiende a competir con los demás para demostrar que es el mejor, de esa manera al cumplir su cometido, se hace a la idea de que es más inteligente que otros.
·        Engañar a los demás: vemos como el mundo le da el merito de inteligente a aquel hombre que en su astucia realizó un acto de engaño, que se robó algo o que lo oculto y nadie se dio cuenta, entonces las personas dicen “oh que ingenioso e inteligente, nadie se dio cuenta de su engaño”

·        Tener más que los demás: la mente material se ha adueñado del hombre, y ahora el énfasis y el fin común es la búsqueda de bienes materiales, (sí él tiene esto, entonces yo también) incluso existen corrientes filosóficas como “el darwinismo social” que proponen la idea de que el hombre que tiene la capacidad de adaptación en la sociedad es aquel que tiene el talento para producir más riqueza que los demás, de tal manera que los que no tienen dicha capacidad deben ser erradicados. Un ambiente de competencia impera en este mundo. 

Estas tres cosas que analizamos anteriormente podemos traducirlas de la siguiente manera:



¿Qué es la sabiduría para el hombre?

·        Saberlo todo: el ser humano tiende a querer saberlo todo, pretende que de esa manera obtendrá la sabiduría, cuando logra obtener un conocimiento nuevo acerca de algo, todavía no asimila ese conocimiento cuando ya desea saber más y más, como una “gula de conocimiento” insaciable.
·        No equivocarse: el temor a equivocarse a llevado al hombre a codiciar aquel conocimiento que aun no posee, la mentalidad del hombre que induce a pensar que equivocarse es sinónimo de debilidad e incapacidad lo ha llevado a la soberbia, porque aun cuando da cuenta de que está mal porque alguien más se lo hizo saber, él quiere pensar lo contrario “yo estoy bien”.
·        Llenándose de conocimiento: el hombre quiere saber mucho, llenarse de conceptos y términos, saber toda la teoría, pero se olvida de la práctica; uno de mis hermanos acuñó un término a esta actitud del hombre y llamó “bulimia religiosa” a ese afán por llenarse de conocimiento y después írselo a vomitar a alguien que esté dispuesto a escuchar hora tras hora tanta palabrería. El hombre piensa que la sabiduría se obtiene a través del acaparamiento de teoría referente  cualquier tema.

Estas tres cosas que analizamos anteriormente podemos traducirlas de la siguiente manera:


Después de haber mencionado algunas de las formas en las que el hombre busca la sabiduría y la inteligencia, ahora vamos a analizar varios pasajes bíblicos que hablan acerca de la diferencia entre la sabiduría de este mundo y la que pertenece al Señor, comenzaremos en Tito 2:11-14 que dice:

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”

La gracia que Dios ha hecho sobreabundar en toda sabiduría e inteligencia y que ha sido manifestada a los que desean seguir al Señor, es la que nos enseña a renunciar a la manera en la que el hombre equivocadamente busca obtener la sabiduría y la inteligencia; nos enseña a no querer ser mejor que los demás con un deseo perverso de competencia, a no engañar a los demás, a no pensar que teniendo más que los demás somos superiores, a no ambicionar saberlo todo (gula de conocimiento), a no tener temor a equivocarnos (equivocarse trae aprendizaje, pero no se trata tampoco de caer siempre en los mismos errores), a no estar afanado en llenarnos de conocimiento todo el tiempo (bulimia religiosa).

La sabiduría de este mundo

El Apóstol Pablo escribió continuamente acerca de este tema, y es que desde tiempo antiguo la sabiduría de este mundo que da pie a filosofías que se desvían del camino verdadero era pregonada por los paganos, sin embargo Pablo manifestó lo siguiente: “Porque nuestra gloria es esta, el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en este mundo, y mucha más con vosotros” (1 Corintios 1:12) en este pasaje nos damos cuenta de la diferenciación que se hace con respecto a las maneras existentes de conducirse en el mundo, una manera es con la sabiduría humana que lleva a lo que anteriormente revisamos (impiedad y deseos mundanos) cosas que no agradan a Dios y por lo tanto eliminan toda posibilidad de agradarle y encontrar la verdad; la otra manera es con sencillez y sinceridad de Dios, aspectos que tienen que ver con parte de Su carácter bondadoso y que manifiestan al mismo tiempo Su gracia, que como volveremos a mencionar es la que nos ha hecho renunciar a los caminos por los que el hombre busca el conocimiento. El mismo Pablo dijo que esas filosofías (las de la sabiduría humana) están impregnadas de huecas sutilezas, están vacías, porque se rigen de rudimentos mundanos conforme a tradiciones de este siglo y no conforme a Cristo. (Colosenses 2:8)

En 1ra carta a los Corintios se habla acerca de lo que piensa Dios acerca de los sabios de este mundo, que han maquinado perversas ideas enfocadas en el egoísmo y en la perdición (aunque superficialmente no se alcance a notar dicha intención), dice en capitulo 1 versículos del 19 al 25: “Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado (la cruz), para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judío como griego, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.”

Cosa extraña era para los filósofos de Atenas aquello que les predicó Pablo (Hechos 17:18-21), así mismo en este tiempo, muchas personas que sin siquiera saberlo se han conformado al pensamiento e ideas que tienen como raíz la sabiduría de este mundo (filosóficas, educativas, conductuales, económicas, salubres, etc.) consideran que es una locura vivir como a Dios le agrada y por eso rechazan cualquier cosa que tenga que ver con alinearse a la Voluntad del Señor, esto es, tomar su cruz cada día y seguirle dejándolo todo atrás. Debido a esto las personas rigen sus vidas con base en la sabiduría humana, y por estar cada vez más alejados de Dios, se olvidan de: la sencillez, la sinceridad, la bondad, la misericordia, el amor, la justicia, la paciencia, la sobriedad, la piedad, cosas de las cuales se agrada Dios. De todas estas cosas se olvida el hombre que se ha inmiscuido en las filosofías y corrientes de pensamiento mundanas.

Sin embargo la Palabra de Dios advierte: “Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos”. (1 corintios 3:18-20) Cualquier corriente de pensamiento humano es vana para Dios, y aunque esto pueda sonar arrogante es la verdad. Sólo miremos con atención hacia donde se inclina cada una de las teorías filosóficas, sociológicas y pedagógicas de este mundo y descubriremos que están enfocadas en inculcarle al hombre una mentalidad positivista, en la cual sólo tiene que creer en lo que se ve y se puede palpar, rechazando aquella certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve (la fe); todo esto es absurdo para el Señor (y por eso lo rechazamos). El mismo Santiago en su epístola a las doce tribus menciona que la sabiduría terrenal, la que no viene de lo alto, es animal y diabólica. (Santiago 3:14-17)

La sabiduría que viene de lo alto

Ya hemos hablado acerca de la sabiduría de este mundo, ahora nos enfocaremos en la verdadera sabiduría, en la sabiduría de Dios, pero ¿Cuál es está sabiduría? Primeramente vamos a leer de 1 Corintios 2:6,7 para darnos una idea de los principios que rigen a dicha sabiduría:

“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,”

La verdadera sabiduría está oculta a los ojos de las personas que se han conformado a los preceptos de este siglo corrupto, cuyas filosofías se han empeñado en mantener cegados de la verdad a los seres humanos. El conocimiento de la verdad que lleva a la sabiduría es un misterio para el hombre carnal, un tesoro oculto que nunca encontrará, un conocimiento que abarca cosas que no puede entender por la dureza de su corazón. En Colosenses 2:2-4 dice que en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, por lo tanto, si una persona no permanece en Cristo (1 Juan 2:6 y 3:6,24) no puede aspirar nunca a obtener la verdadera sabiduría, como la obtuvo Justino Mártir después de haber conocido tantas formas de pensamientos humano.

Podemos hacer un breve comparativo entre los principios que gobiernan a cada una de las sabidurías de las que hemos hablado en este escrito:


Un pasaje muy conocido nos dice en qué lugar se encuentra esa sabiduría e inteligencia que a los ojos del mundo son ocultas; veamos pues de que habla este:

“Ciertamente la plata tiene sus veneros, Y el oro lugar donde se refina. El hierro se saca del polvo, Y de la piedra se funde el cobre. A las tinieblas ponen término, Y examinan todo a la perfección, Las piedras que hay en oscuridad y en sombra de muerte. Abren minas lejos de lo habitado, En lugares olvidados, donde el pie no pasa. Son suspendidos y balanceados, lejos de los demás hombres. De la tierra nace el pan, Y debajo de ella está como convertida en fuego. Lugar hay cuyas piedras son zafiro, Y sus polvos de oro. Senda que nunca la conoció ave, Ni ojo de buitre la vio; Nunca la pisaron animales fieros, Ni león pasó por ella. En el pedernal puso su mano, Y trastornó de raíz los montes. De los peñascos cortó ríos, Y sus ojos vieron todo lo preciado. Detuvo los ríos en su nacimiento, E hizo salir a luz lo escondido. Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? No conoce su valor el hombre, Ni se halla en la tierra de los vivientes. El abismo dice: No está en mí; Y el mar dijo: Ni conmigo. No se dará por oro, Ni su precio será a peso de plata. No puede ser apreciada con oro de Ofir, Ni con ónice precioso, ni con zafiro. El oro no se le igualará, ni el diamante, Ni se cambiará por alhajas de oro fino. No se hará mención de coral ni de perlas; La sabiduría es mejor que las piedras preciosas. No se igualará con ella topacio de Etiopía; No se podrá apreciar con oro fino. ¿De dónde, pues, vendrá la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia? Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, Y a toda ave del cielo es oculta. El Abadón y la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos. Dios entiende el camino de ella, Y conoce su lugar. Porque él mira hasta los fines de la tierra, Y ve cuanto hay bajo los cielos. Al dar peso al viento, Y poner las aguas por medida; Cuando él dio ley a la lluvia, Y camino al relámpago de los truenos, Entonces la veía él, y la manifestaba; La preparó y la descubrió también. Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, Y el apartarse del mal, la inteligencia.” (Job 28)

Es muy posible que después de estar profundizando en cuál es la verdadera sabiduría e inteligencia en comparación con las falsas ideas de este mundo, nos imaginábamos que encontraríamos un tratado especializado en el tema del que estamos hablando, en dónde leeríamos la respuesta de Dios acerca de dónde encontrar esa sabiduría verdadera; no obstante, el Señor simple y sencillamente dice: “La sabiduría es el temor a Mí, y la inteligencia es apartarse del mal” y es que sí ponemos atención y reflexionamos acerca de esto: ¿A que nos lleva el temor del Señor? a obedecerle y cumplir con sus estatutos, a hacer la voluntad de Dios, al vivir de esa manera obtenemos la capacidad de ser sabios en todas las cosas que hagamos cotidianamente en este mundo y ¿A qué nos lleva apartarnos del mal? a no hacer lo malo, sino tener una inclinación hacia lo bueno, hacia lo que Dios estableció y que al hombre le es para bien (sí lo acata). Contrario a la sabiduría de este mundo, la sabiduría que viene de lo alto es la que nos enseña cómo vivir en este mundo obscuro (andar en la luz), la sabiduría de este siglo sólo mantiene a las personas en tinieblas.

Conclusión

A través de los años, el hombre se empeña en cambiar el significado de los que Dios crea, por ejemplo: Dios creó la sabiduría y el hombre la convirtió en un deseo mundano codiciable a los ojos (aunque ni siquiera es algo material que se pueda ver); Dios creó la inteligencia y el hombre egoístamente la convirtió en impiedad; Dios creó el matrimonio para que el hombre y la mujer fueran una sola carne, tuvieran hijos y se mantuvieran en el orden que Dios estableció, pero el hombre convirtió el matrimonio en un contrato social para que en común acuerdo trabaje junto con la mujer para lograr sus propios deseos y ambiciones, descuidando a los hijos (si es que los tienen) y viviendo en desorden ante el Señor; Dios creó la naturaleza para proveer al hombre un lugar donde habitase y el ser humano se ha dedicado a destruirla aprovechando los recursos que de ésta obtiene para producir en exceso distintos productos (la mayoría innecesarios) que le reditúen altas ganancias monetarias; Dios creó la autoridad y el hombre toma el mal testimonio de los gobiernos de este mundo, que han hecho un mal uso de la espada que Dios les otorgo (Isaías 10:1-4), para justificarse y pensar que la autoridad es mala, al mismo tiempo eso lo ha llevado a crearse una imagen falsa de un Dios tirano e implacable que lo único que desea es castigar al hombre, quien sin importar lo que haga, no puede satisfacer la ira de Dios (aunque haga lo bueno), cuando más bien se trata de una autoridad justa de Dios que pagará a cada uno según sus actos en este mundo; Dios creó la educación o formación para las personas, ese privilegio fue dado a los padres de familia (formar en casa a los hijos), pero el hombre ha distorsionado totalmente el significado de la educación y lo transformo en una programación, dándole el poder al gobierno de que con base en un sistema secular se eduque a sus hijos.

Vemos las consecuencias en estos tiempos malos, de que el hombre mundano se ha dedicado  cambiar el significado de lo que Dios crea, dando como resultado  una “perversa generación” encaminada al mal, que busca la sabiduría y la inteligencia en cosas que perecerán, aun así la Palabra de Dios permanecerá para siempre y sigue manifestando a los hombres que: “Con Dios está la sabiduría y el poder, suyo es el consejo y la inteligencia” (Job 12:3), por lo cual amados, desde el día en que sabemos de estas cosas, no cesemos de orar, y pedir que seamos llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andemos como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios. (Colosenses 1:9,10) AMEN…

Por Pedro Santos