jueves, 12 de febrero de 2015

José — Fe en la prosperidad




“Por la fe José”
“Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos” (Hebreos 11:22).

En el registro divino de la gran nube de testigos, José recibe sólo una frase—pero una muy significativa. Como con Jacob, el foco de atención se centra en la última etapa de su vida. Él había viajado hasta ese punto por un camino radicalmente diferente al de sus antepasados. Él pasó de hijo favorito a esclavo, pero después, de la cárcel al palacio y el poder. 

Aun al final, él tenía el mismo testimonio que sus padres. Como ellos, él miró, no hacía atrás, sino hacia adelante en el más allá. Él no se quedó en el pasado por comodidad, ni hizo su morada en éxitos pasados. Su corazón estaba con su pueblo: no con los egipcios, sino con los hijos de Israel. Por fe, él sabía que podía algún día ir a la tierra prometida. Él sabía que estaba muriendo y que no sería olvidado. Así que instruyó a su amado pueblo para que llevaran sus huesos cuando finalmente partieran.

El padre de José, Jacob; su abuelo, Isaac; y su bisabuelo Abraham, eran extranjeros en el sentido puro. Ellos vivieron en tiendas y nunca realmente poseyeron la tierra prometida a Abraham. Ellos murieron sin tener el cumplimiento de una morada segura. 

Para José, las cosas marcharon de manera diferente. En el momento en que él tenía treinta años, se encontró en un palacio, siendo el segundo en poder sobre todo Egipto. ¿Qué hizo él con tanto éxito y posición? ¿Dejó que todo eso destruyera su propósito, tal como la prosperidad lo ha hecho con tantos otros que tuvieron mucho menos éxito que el que él disfrutó? ¿O fue él mismo un forastero? Su mandamiento acerca de sus huesos habla por él.

La perspectiva de fe y propósito de José nos desafía a pensar de la misma manera. Él vislumbró en la calle un largo camino y tomó decisiones admirables. ¿Nos lleva nuestra fe a la misma visión y a las mismas decisiones?

¡Que consuelo saber que Dios soberana y gentilmente dirige los pasos de los suyos! ¿Acaso la vida parece ser que te arrastra a circunstancias desesperadas? ¿Estás luchando con intensas tentaciones? ¿O, tal vez, hallas que las cosas van bien para ti?  Cualesquiera que sean tus circunstancias, ¡Se un José! Mantén una fe inalterable en Dios.

“José informaba a su padre la mala fama de ellos”
“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra… Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre” (Efesios 6:1-8).

José era decididamente diferente de sus hermanos mayores. Aparentemente ellos se portaban mal. Sin embargo, José, de diecisiete años, no participó en su mala conducta. Más bien informó de sus malas acciones a su padre. Las escrituras no implican que él fue a su padre con un espíritu orgulloso o soplón. Más bien, su sensible discernimiento del bien y del mal, su respeto por el orden de la casa de sus padres, y su valor en pararse en contra de sus hermanos, revelan un notable atributo de carácter.

Ahora considera sus sueños. Dios estaba revelando una vislumbre del futuro de José y de su familia. Sus hermanos respondieron con odio y envidia. Su padre lo reprendió, pero él también parecía reconocer que los sueños tenían algún significado. Claramente José poseía una disposición espiritual, o los sueños habrían sido sin sentido para él.

Otra evidencia del carácter de José apareció en la obediencia a su padre. Sus hermanos se habían ido muy lejos con los rebaños. Jacob lo mandó a ver cómo estaban. Conocer los sentimientos de ellos hacia él, y la distancia de la protección de su padre, podrían haber agitado la ansiedad en José. Pero él fue de todas formas. Tampoco se regresó cuando vio que ellos no estaban en  donde él esperaba que estuvieran. Él laboriosamente continuó hasta encontrarlos. Su padre le había dado una misión, y él se decidió a cumplirla.
¡Qué hermoso brilla la fe de José en su casa paterna! Verdaderamente, es en casa donde una persona comienza a formar su carácter y a expresar su propia fe. La temprana fe de José le serviría bien después. Sería absurdo pensar que podemos tener fe fuera de casa si no la tenemos en casa. La verdadera fe funciona en cualquier lugar. 

Un carácter noble es una posesión que no tiene precio. Querido Padre, ¿Estás haciendo todo lo que está en tu poder para nutrir un carácter piadoso en tus crecientes hijos y jóvenes? Querido joven, ¿Estás desarrollando un carácter que te servirá en los próximos años? ¿Tienes un temor de Dios que te hace amar lo bueno y odiar lo malo como lo hizo José? ¿Tienes una disposición espiritual que te permite “Escuchar lo que hablará Jehová Dios”? ¿Estás obedeciendo “a tus padres en todo”?

“Mas Jehová estaba con José”
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).

¿Quién puede comprender la angustia de ser odiado, ser arrojado a un pozo por hermanos homicidas, y después ser vendido a mercaderes como esclavo? ¿Cómo podemos saber lo que debe de haber sentido al estar completamente solo, totalmente aislado de su hogar, y aun ser dado por muerto de parte de sus seres queridos? No sabemos cómo reaccionaríamos. Pero sí sabemos cómo respondió José.

Potifar, capitán de la guardia, compró a José para ser su esclavo. José le sirvió bien. En lugar de suspirar en la auto-compasión, se entregó en el servicio. El Señor estaba con él y lo bendijo en su trabajo. Potifar pronto se dio cuenta de esto y lo ascendió a supervisar prácticamente todo lo que tenía.

Luego vino una trampa. La esposa de Potifar trató de seducir a José—no sólo una vez, sino que lo hizo regularmente. ¿Qué haría este hombre joven? ¿Qué importaba cómo viviera, si estaba sólo en un país lejano? Pero José le respondió a ella y a su propia tentación con la inmortal y poderosa verdad: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9). 

La fe de José mantuvo la realidad de Dios muy viva. Incluso en un país lejano, donde nadie sabía dónde estaba ni lo que hacía, ¡él sabía que Dios estaba con él! Él entendía su responsabilidad delante de Dios. Su fe le permitió vivir por ella.

La primera y buena respuesta de José a la tentación, no trajo fin a la misma. La esposa de Potifar lo seguía tentando y el siguió negándose. Cuando finalmente ella se asió de él, él tuvo que huir; y ella usó su ropa como prueba en su contra. 

Entonces ¿Qué consiguió José por ser noble y recto? Su amo se enfureció con él y lo arrojó en la cárcel. Pero la primera cosa de la cual nos enteramos sobre su experiencia en la cárcel es que: “…Jehová estaba con José, y le extendió su misericordia.”Ellos podían arrojar a José en la cárcel, pero él no estaba solo. ¡Dios estaba con él! A pesar de que nadie más sabía, Dios sabía—y le estaba mostrando su misericordia. Eso suena como un concepto demasiado elemental… hasta que tratamos de recordarlo en los momentos problemáticos de la vida. Pero José demostró que funciona.

La presencia de Dios explica el fenomenal ascenso de posición incluso mientras languidecía en la cárcel. Él no se deprimió. Él no se carcomió en el desánimo debido a los malos tratos que recibió. Su saber que Dios estaba con él explica su capacidad para sobrevivir donde otros hombres se han marchitado totalmente.

Querida alma, ¿te sientes como si Dios te hubiera consignado a una vida de esclavitud? ¿Estás esforzándote todo lo posible para mantener tu pureza en circunstancias fuera de tu control? Quizás te sientes como si estuvieras en un calabozo de desesperación. Lo que sea que estés enfrentando, escucha el mensaje de la vida de José: ¡Él Señor está siempre con los suyos!

“El Jefe de los coperos… olvidó [a José]”
“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. …He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin de Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 1:12; 5:11).

Sí, José estaba en la prisión en Egipto. Pero con la misma seguridad, Dios estaba con él. El jefe de la cárcel vio la diferencia de esto en la vida de José y lo puso a cargo de todos los demás presos.

Un día el copero y el panadero del rey fueron puestos en la prisión porque habían ofendido al rey. Ellos fueron puestos bajo la responsabilidad de José. Él cuidó bien de ellos. Cuando él notó que se veían tristes, inmediatamente les preguntó: “¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes?”  Ellos le contaron acerca de sus sueños, de los cuales no tenían una interpretación.

José quería ayudarlos. Él dijo: “¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.”Él no se hizo pasar como un  grande. Él les hizo saber que tenía fe en Dios, el Único que tiene respuestas. ¡Y Dios le dio las respuestas!

Los eventos terminaron exactamente como José los interpretó. En tres días el faraón colgó al panadero e hizo volver al copero. José pensó ver un rayo de esperanza para salir de la cárcel. Él tenía una petición para el copero, la que podría abrir su puerta de prisión—ser recordado por el rey. Pero el copero lo olvidó— ¡durante dos años enteros!

José pasó dos años más en la cárcel. Él se pudo haber preguntado: ¿por qué sus propios sueños eran tan difíciles de entender, mientras que los sueños de otros se cumplieron tan rápidamente? Eso cambió abruptamente cuando faraón tuvo un sueño, que los magos y sabios de Egipto no pudieron interpretar. Finalmente, el copero se acordó de José, y faraón lo hizo venir. 

Rápidamente José se rasuró, cambió de ropas y vino ante el rey. Básicamente le dijo lo que había dicho al copero y al panadero en la prisión: “No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón.” Y Dios le dio una respuesta. José no solamente interpretó el sueño, sino que también trazó un plan de acción. El plan impresionó a Faraón tanto que aceptó y designó a José para llevarlo a cabo. 

Las pruebas más duras de la vida no siempre son las que parecen las más severas en la superficie. Por su propia naturaleza, la crisis llama al santo a confiar en Dios. Pero, ¿Qué pasa con la decepción de bajo nivel que nos arrastra día tras día? ¿Qué pasa con el dolor que persiste semana tras semana? ¿Qué pasa con el trabajo mundano que nos cansa mes tras mes? Estas pruebas tienen una forma de agotar nuestra resistencia y adormecer nuestro discernimiento. Cuando no nos sentimos amenazados en cualquier momento, tendemos a confiar en nuestro propio ingenio  y fuerza en lugar de confiar en el Señor. ¡Y eso explica la derrota segura!

“José… sobre toda la Tierra de Egipto”
“A los ricos de este mundo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las riquezas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6:17).

¡De la prisión al palacio en un día! Ahora José se enfrentaba quizás a la prueba más dura de todas. ¿Podría su fe sencilla, que lo había preservado en la prisión, sostenerlo en el palacio? O ¿Llegaría a ser arrogante y autosuficiente cuando todo Egipto se inclinara ante sus pies?

Con qué facilidad el hombre se vuelve indiferente y negligente acerca de la fe cuando tiene todo lo que necesita y más de lo que quiere. ¿Quién necesita fe cuando las cosas van bien? Todos lo hacen—pero no todo el mundo presta atención. José no fue capturado en esta trampa sutil.

Durante los siete años de abundancia, José almacenó más trigo del que se podía contar. Después vino el hambre. La gente que no tenía comida vino también, y José abrió los graneros. La gente negociaba todo lo que poseía y finalmente vendían sus propios cuerpos para mantenerse con vida.

Eventualmente la gente de Canaán también se quedó sin comida. Jacob envió a sus hijos a Egipto para comprar trigo. Los hermanos de José finalmente se inclinaron ante él, a quien años atrás habían vendido. ¡Era el cumplimiento del sueño juvenil de José! ¿Qué haría él? Este era un momento de oportunidad para él. Los papeles se habían cambiado por completo. Ahora sus hermanos estaban en sus manos. 

José los probó muy severamente. Mantuvo a Simeón en la prisión e insistió en que el hermano menor viniera si querían más trigo. Cuando Benjamín vino, José escondió la copa de plata en su saco. ¿Acaso los hermanos sintieron alguna diferencia sobre Benjamín, de lo que habían sentido por él? ¿Eran tan crueles y egoístas como lo habían sido antes? Para alegría de José, los hermanos no abandonaron a Benjamín. Más bien, ellos pusieron sus vidas por él. Sus conciencias aún les molestaban por la forma en que habían tratado a José. El corazón de José casi saltaba de alegría cuando vio evidencia de su arrepentimiento y finalmente podía revelar quién era él.

Y revelándose a sí mismo, José mostró su fe e invitó a sus hermanos a compartir esa fe: “Porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.” Ahora José y sus hermanos pudieron ver cómo Dios había vuelto el mal en su salvación. Poniendo sus palabras de fe en acción, José llevó a la familia a Egipto, los puso en tierra de Gosén y proveyó para ellos. 

La prosperidad no había hecho a José orgulloso y auto suficiente. El poder no lo había intoxicado. Él se rehusó a tomar venganza. Ni tampoco tomó el crédito por su éxito. Más bien, apuntó a la mano de Dios en el trabajo, no sólo para su propio bien sino también para la supervivencia de su pueblo.

José gobernó y se movió en los círculos superiores de Egipto, pero él no se consideró a sí mismo como parte de su sistema. Él se unió a la familia de su padre en una identidad sin vergüenza. Sabiendo que los egipcios despreciaban a los pastores, dijo deliberadamente a sus hermanos que se identificaran como pastores. Esto mantuvo una clara línea de separación entre los egipcios y el pueblo de Dios.

La fe en medio de la prosperidad puede ser imprecisa. La palabra de Dios nos advierte repetidamente sobre esto. La evidencia de la tendencia de irnos mal cuando las cosas van bien, abunda en la historia de la humanidad. Pero Dios siempre nos habilitará para caminar con Él en una fe sencilla—en el mundo, pero no siendo del mundo. Como José, debemos mantener nuestros ojos fijos en el fiel Dios y Señor. Por la gracia de Dios debemos escoger poner nuestra mira en las cosas de arriba y hacernos tesoros en los cielos. Debemos rechazar un lujoso estilo de vida que ponga en peligro la perspectiva de un extranjero y peregrino en nuestras propias vidas y en las vidas de nuestra descendencia.

“José dijo…Dios ciertamente os visitará”
“Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob…y haréis llevar de aquí mis huesos” (Génesis 50:24, 25).

¿Por qué mandó José a su pueblo que llevaran sus huesos fuera de Egipto? ¿Por qué importaba en dónde yacían sus huesos, después de que su espíritu había vuelto a Dios, quien se lo dio? La respuesta es que su profecía y petición al morir, expresaron su fe, declarando su identidad, y mostrando en donde estaba su corazón. Éstas confirmaron la solidez de su compromiso con sus lealtades y animó a aquellos que esperaban la liberación de Egipto.

Por la fe, José sabía que los hijos de Israel no se quedarían en Egipto. Él recordó la tierra que Dios había prometido a Abraham y a su simiente. El día vendría, aunque él no lo vería, cuando Israel iría a su tierra prometida. 

Cuando él había ordenado que la casa de su padre viniera a Egipto, José sabiamente puso cierta distancia entre los egipcios y los hijos de Israel. Él los había instalado como un grupo en Gosén. Él había insistido en que se identificaran así mismos como pastores— para que los egipcios pudieran mantenerlos en su desdén.

Entonces, justo antes de morir, José hizo mención de la partida de los Israelitas. Él quería animar a su pueblo a no ser absorbidos por Egipto ni estar satisfechos allí. Cuando el tiempo llegara, él quería que ellos estuvieran listos para salir.

Más que eso, José anhelaba ser parte de esa partida. El dirigió a su pueblo a llevar sus huesos con ellos cuando salieran. Él quería que sus huesos estuvieran con su pueblo. ¡Ni siquiera quiso que alguna parte de sí mismo quedara en Egipto!

¡Qué poderoso testimonio dio José! Ninguna cantidad de malos tratos o decepción pudo enterrar su fe. Ni siquiera un poco de exaltación pudo causarle olvidar a su Dios. Y ni un poco de prosperidad y posición terrenal pudo voltear su cabeza de identificarse con el pueblo de Dios. Él tenía sus afectos firmemente anclados más allá del mundo. Él vivió su fe dondequiera que estaba, porque Dios estaba allí. Incluso hoy en día, donde hay fe, Dios está.

¡Oh, que tengamos un enfoque tan agudo en el futuro como lo tuvo José! ¡Oh, que más abuelos pudieran desafiar a su descendencia con la misma calidad de fe que José tuvo! ¡Oh, que más padres pudieran mantener la constancia de propósito y práctica que preserva la fe en la nueva generación! ¡Oh, que más jóvenes se puedan identificar animadamente con la fe y ordenen sus vidas resueltamente con los valores eternos!
Por David G. Burkholder
Traducido por Marco Antonio Barajas Gómez


Cantos:

Si tú logras dejar que Dios te guíe,
Y esperas en Él en todos tus caminos,
Él te dará fuerza en lo que te venga,
Y te llevará en sus manos todos tus días.
Quien confía en el inmutable amor de Dios,
Edifica sobre una roca inamovible.
Sólo estáte quieto y espera Su venida,
Con esperanza gozosa, con corazón contento,
Para recibir lo que al Padre le plazca
Pues todas nuestras dudas son conocidas
Por Aquel que nos escogió como suyos.
-George Neumarck


¿Pueden los hombres saber que has estado con Jesús?
¿Pueden ver Su presencia en ti cerca?
¿Mientras trabajas con ellos,
Mientras con gozo y labor andas con ellos?

¿Pueden los hombres saber por tu boca y acción,
En las cosas pequeñas de esta vida,
En las tareas cotidianas,
En medio del dolor, el aburrimiento y la batalla?
-E.O. Sellers

Soy sólo un peregrino aquí,
El cielo es mi hogar;
La Tierra es un desierto seco;
El cielo es mi hogar.
El peligro y el dolor están a mi alrededor
Por todas partes;
El cielo es mi patria,
El cielo es mi hogar.

Qué fiera ruje la tempestad,
Pero el cielo es mi hogar;
Muy corto es mi peregrinar.
El cielo es mi hogar,
Los tiempos son fríos y sombríos,
Pero pronto pasarán,
Pronto llegaré a mi hogar.
El cielo es mi hogar.

Allí, al lado de mi Salvador,
Seré transformado,
El cielo es mi hogar.
Allí están los buenos y los santos.
Allí los que amo más.
Allí también yo descansaré.
El cielo es mi hogar.